¿Y si mamá fuera la alcaldesa? La candidata con más potencial para Sincelejo

Para ser alcalde en Colombia la ley es clara, pero mínima: basta con ser ciudadano en ejercicio y haber nacido o residido en el municipio. Sin embargo, la verdadera carga de un gobernante no está en el papel, sino en la gestión. Un alcalde debe administrar recursos públicos, priorizar necesidades básicas y, sobre todo, ejecutar con transparencia por un bienestar colectivo. Al observar estas exigencias, resulta evidente que todos nosotros tenemos en casa a la candidata perfecta para este cargo: nuestra mamá sincelejana.

La madre sincelejana ejerce roles que son el espejo exacto de lo que debería ser una buena administración. Mientras un alcalde lucha por priorizar el gasto, ella hace milagros con el presupuesto familiar frente a la inflación, asegurando que lo básico —el plato de comida, el techo, la salud— nunca falte. Mientras la ciudad exige orden, ella es la mediadora de conflictos por excelencia y la arquitecta de los valores de su entorno. Su propia naturaleza la dota de una resiliencia que la política local tanto necesita: esa fuerza que le permite anteponer el bienestar del «colectivo» (sus hijos y su hogar) al interés propio.

Por años, Sincelejo ha parecido una ciudad administrada solo por «padres» o, en el peor de los casos, por «padrastros» distantes. Figuras que gestionan con frialdad o bajo intereses ajenos, dejando a nuestra capital en una especie de orfandad administrativa. Lo que nuestra ciudad necesita hoy es, precisamente, ese sentido materno del poder: un amor honesto y sin condición que no descansa hasta que la casa está en orden y todos los hijos han comido.

No es una utopía. El mundo nos ha dado lecciones de cómo el instinto de cuidado se traduce en eficiencia política. Ejemplos como el de Mette Frederiksen en Dinamarca, quien ha liderado con firmeza reformas sociales profundas, o Mia Mottley en Barbados, una voz valiente que ha puesto a su isla en el mapa global defendiendo el futuro de su gente frente al cambio climático, demuestran que la empatía no es debilidad; es una herramienta de mando que logra sociedades más justas.

Por eso, después de ver cómo tu madre ha levantado un hogar desde cero, cómo ha administrado la escasez para que rinda y cómo ha proyectado el futuro de los suyos contra viento y marea, la pregunta deja de ser técnica para volverse una convicción absoluta: ¿Tienes alguna duda de que ella tiene todo el poder y las facultades para ser la alcaldesa de Sincelejo? Quien sabe gobernar un hogar con amor y firmeza, ya tiene el doctorado necesario para gobernar una ciudad.

Hoy, desde esta columna, quiero darle las gracias a cada madre de Sincelejo y de nuestro departamento. A las que labran el campo con manos valientes, a las profesionales que abren caminos, a las amas de casa que son el soporte invisible de nuestra sociedad y a aquellas que ya están en espacios de poder amando honestamente a su tierra.

Ustedes son la verdadera fuerza de desarrollo que hará que Sincelejo, finalmente, florezca.Mientras muchos buscan el poder, ellas ya saben cómo ejercerlo para que a nadie le falte nada. Son, sin duda, las candidatas con más potencial para transformar nuestra realidad.

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