Sucre baja la pobreza, pero no cambia el modelo

Los datos del DANE muestran una caída real y estadísticamente significativa en 2025. La pregunta que importa es qué la produjo y qué no.

Sucre dejó de ser, por un año, el segundo departamento más pobre de Colombia. La cifra del DANE es inequívoca: la incidencia de pobreza monetaria cayó de 57,5% en 2024 a 51,8% en 2025, una reducción de 5,7 puntos porcentuales, estadísticamente significativa. Es una de las mayores caídas del país. Pero antes de celebrar, conviene mirar de dónde vino esa mejora, porque no vino de donde uno esperaría.

Seguimos siendo el tercer departamento con mayor pobreza monetaria del país, detrás de Chocó (65,3%) y La Guajira (60,2%). Uno de cada dos sucreños continúa por debajo de la línea de pobreza. La mejora es real, pero el punto de partida era tan bajo que «mejorar» y «estar bien» siguen siendo cosas muy distintas.

El DANE descompone la variación de la pobreza en tres factores: crecimiento económico, distribución del ingreso y el efecto de la línea de pobreza (que sube cada año con la inflación). En Sucre, el crecimiento explicó -7,36 puntos porcentuales de la caída; la distribución del ingreso apenas aportó -0,88 puntos; y el ajuste de la línea de pobreza jugó en contra, sumando +2,56 puntos.

Es decir: Sucre no se volvió más equitativo en 2025. Se volvió, en el margen, un poco más dinámico económicamente. El ingreso laboral del hogar típico creció, y ese crecimiento (no una mejor repartición del ingreso) es lo que sacó a más de cincuenta mil personas de la pobreza.

La reducción de la pobreza en Sucre en 2025 fue un fenómeno de crecimiento, no de redistribución. Y el coeficiente de Gini, que apenas se movió de 0,509 a 0,503, lo confirma: la desigualdad estructural del departamento sigue prácticamente intacta.

Cuando se mira la variación del ingreso real por quintiles, aparece una asimetría que merece atención. El quintil más pobre de Sucre (Q1) vio crecer su ingreso real 7,0% entre 2024 y 2025, el crecimiento más bajo de los cinco quintiles. Los quintiles intermedios (Q2, Q3 y Q4) crecieron entre 11,9% y 12,8%. El quintil más rico creció 9,0%.

El ingreso laboral del quintil más pobre sí creció con fuerza (16,4%), pero ese avance fue parcialmente neutralizado por una caída fuerte en ayudas institucionales (-9,9 puntos). En términos simples: al hogar más pobre de Sucre le fue mejor en el mercado laboral, pero peor en las transferencias del Estado, y el resultado neto fue el crecimiento más modesto de todo el espectro de ingresos.

La pobreza en Sucre sigue teniendo una geografía social muy marcada: 87,1% de incidencia en hogares con tres o más niños menores de 12 años, 61,8% en hogares de cuatro o más personas, y 57,9% cuando el jefe de hogar trabaja por cuenta propia, frente a apenas 25,9% si es asalariado. Esa brecha de 32 puntos entre cuentapropismo y asalariamiento es una de las más altas del país y es, en el fondo, el mismo síntoma que hemos documentado en varios escritos: una economía departamental donde la informalidad no es la excepción, sino la norma laboral.

He insistido en que Sucre arrastra una estructura económica donde la terciarización espuria supera el 70% del PIB departamental y la informalidad ronda el 68%. Una caída de la pobreza impulsada por crecimiento laboral, sin mejora en la distribución y sin fortalecimiento de la protección institucional, es una mejora frágil: depende de que el ciclo económico se sostenga, no de que la estructura haya cambiado.

Los proyectos que están llegando al departamento, la terminal de regasificación de Cenit-Ecopetrol, el clúster de aluminio de GALTCO, el acueducto regional, el desarrollo marítimo de la Ley 2133, son, precisamente, la oportunidad de convertir un repunte cíclico en un cambio estructural.

Pero eso exige que el crecimiento que hoy reduce la pobreza también se traduzca en empleo formal, no solo en más ingreso informal. Si Sucre no resuelve su brecha de mano de obra calificada frente a esos proyectos (el argumento que desarrollé sobre los retos concretos para el SENA Regional Sucre, UniSucre e Instituciones de educación superior), el próximo ciclo económico adverso devolverá al departamento exactamente a donde estaba.

La cifra de 2025 merece reconocerse. No merece, todavía, sonar a victoria.

 

COMPARTIR
COMPARTIR
COMPARTIR

Más Columnas

Imagen de Perfil

Sufrimiento progresista

Imagen de Perfil

Solo el pueblo salva al pueblo

Imagen de Perfil

Sucre baja la pobreza, pero no cambia el modelo

Imagen de Perfil

Todo en todas partes al mismo tiempo

Imagen de Perfil

Yahir Acuña: lejos del despacho, cerca de la Corte

Imagen de Perfil

La batalla cultural inicia