Hay que tener mucho cuidado con la estupidez, porque la estupidez es opresiva. Se utiliza para que los pueblos se resignen al atraso eterno y se acostumbren a lo que imponen los gamonales o caciques que se apoderan de las alcaldías municipales y desvían los recursos.
Lamentablemente, esta situación aún persiste en pleno siglo XXI en los municipios de Tolú y Coveñas, donde no existen líderes representativos de la comunidad capaces de llevar su vocería.
Vale la pena recordar a un hombre que nació en su terruño y decidió enarbolar la bandera popular. Se preparó para ello, se convirtió en abogado y fue concejal, diputado, gobernador y alcalde de Tolú. Ya había sido gerente del Instituto de los Seguros Sociales y gerente de EMPAS.
Se trataba de un político visionario que luchó por las regalías de Tolú y Coveñas. Llegó incluso a interponer una tutela contra el Ministerio de Minas y Energía, y ganó la batalla para que Tolú fuera reconocido como puerto exportador de hidrocarburos a través del oleoducto Caño Limón-Coveñas, cuando Coveñas aún era un corregimiento.
Cuando comenzaron a llegar las regalías petroleras, se pensó que, por fin, la zona del Golfo de Morrosquillo se transformaría. Sin embargo, las autoridades y las comunidades no tuvieron la madurez suficiente para manejar los recursos. Los dilapidaron.
Tulio Villalobos pavimentó unas calles en Tolú sin alcantarillado, y así comenzó el reparto del botín de las regalías. El único que protestó fue el municipio de Coveñas, que inició un proceso de separación hasta convertirse en municipio.
A Tulio Villalobos lo asesinaron el 13 de enero de 1997, como parte de la ola de violencia que desató la corrupción con la llegada de las regalías. También mataron al presidente del Concejo Municipal, el médico Rafael Rodríguez, al concejal Alfredo Alvarado, y muchas otras personas fueron desaparecidas.
Es una historia negra que ya quedó en el olvido, mientras el pueblo sigue desentendido de su propio destino. En Coveñas y hasta en San Antero se ven algunos avances con los recursos, pero Tolú sigue a la deriva, víctima de la desidia y de los avivatos que se aprovechan del desgobierno para desviar los fondos públicos.
Con Tulio Villalobos Tamara, el pueblo tenía visibilidad política. A pesar de la polémica y la corrupción, la gente menos favorecida encontraba apoyo, ayuda y asesoría. Hoy en Tolú no hay una voz que se levante y sea escuchada a nivel municipal o departamental.
¿Dónde está la gente importante de Tolú? Un pueblo que en el pasado tuvo diputados y toludeños en cargos relevantes, como Trinidad Gastelbondo, que estuvo EMPAS… en fin, todo tiempo pasado fue mejor.
Actualmente, Santiago de Tolú es un pueblo sin norte, cuando debería ser la perla del Morrosquillo. Se necesita mayor promoción de sus playas, como El Francés y Palo Blanco, y de su cercanía con el archipiélago de San Bernardo.
Hace poco, conversando con el ingeniero y empresario Remberto Merlano, me comentaba que tiene muchos proyectos para el Golfo de Morrosquillo, pero enfatizaba en que lo primero es contar con buenos alcaldes.
No hay derecho a que Tolú no tenga un buen hospital, un sistema de alcantarillado eficiente y agua potable. ¿Hasta cuándo?