Sincelejo tiene su propio Cuerpo de Bomberos Oficial. Un cuerpo reconocido por ley, con estructura, personal, mando y hasta uniformes parchados de tanto servicio. Pero la Alcaldía parece tener su propia interpretación del Código de Bomberos:
“Si hay fuego, contrátalo; si no hay licitación, invéntate un convenio”.
Entre 2024 y 2025, la administración del crash firmó dos convenios millonarios con una entidad privada llamada Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Sincelejo, por más de $7.600 millones de pesos, bajo la noble excusa de “fortalecer la gestión del riesgo”. Pero al revisar los documentos, los estudios previos y las denuncias ciudadanas, lo que se fortalece no es precisamente la gestión del riesgo, sino la creatividad jurídica para evadir la Ley 80 de 1993.
El Convenio 003 de 2024, por $5.600 millones, prometía un arsenal digno de la película Solo los valientes: botas, trajes, cascos, motobombas, vehículos, camiones, compresores, cursos de rescate y hasta “fortalecimiento institucional”. De todo eso, no se encuentra ingreso alguno al almacén de la Alcaldía, es decir, aparentemente ardieron y no las cenizas quedaron.



Un año después, el Convenio 004 de 2025 repite el formato: más botas, más trajes, más camionetas 4×4, más cursos, más discursos… y cero competencias.


Y, al igual que el anterior, no se encuentra ingreso alguno al almacén de la Alcaldía; parece que la conflagración está cerca de estos elementos.
Todo se camufla bajo el traje de “transferencia de la sobretasa bomberil”. Pero jurídicamente no hay transferencia: hay compra de bienes, es decir, un contrato conmutativo. La diferencia es simple: cuando el Estado paga y recibe un bien, es contratación; cuando coopera con una entidad para un fin social, es convenio. En Sincelejo decidieron que eso es un tecnicismo innecesario. El arte de disfrazar contratos con la palabra “cooperación”
El Decreto 092 de 2017, que reglamenta los convenios con entidades sin ánimo de lucro, exige tres condiciones esenciales: 1. Que la entidad tenga idoneidad comprobada. 2. Que haya valor agregado. 3. Que exista concurrencia de esfuerzos, es decir, que la entidad sin ánimo de lucro (ESAL) también aporte algo.
En los convenios revisados, la ESAL tiene indicadores financieros en cero, no aporta un peso y no acredita experiencia. Aun así, la Alcaldía le confió la compra de millones en equipos. En lenguaje jurídico, eso se llama desviación de poder. En lenguaje ciudadano: Le soltaron el billete a ciegas, como quien compra humo y no sabe ni a quién ni qué se está comprando. Al paso que vamos, Sincelejo va a ser la capital de los convenios con privados.
Como si lo anterior fuera poco, el Convenio 004 de 2025 fue firmado como “interadministrativo”, una figura reservada por ley (artículos 95 y 96 de la Ley 489 de 1998) solo para entidades públicas. La pregunta se impone: ¿Cuándo una ESAL privada pasó a ser entidad estatal? La respuesta parece estar en la imaginación jurídica de la administración.
Así, el municipio convierte a un contratista privado en “socio público”, y con ello se salta la licitación, la competencia y la transparencia. Un acto de trapecismo legal digno de registro en Colombia: compra ineficiente.
Ahora bien, llega la parte más escandalosa: ni los vehículos, ni las dotaciones, ni las capacitaciones contratadas en 2024 se han visto. No hay evidencia de su ingreso al almacén municipal, no existen actas de entrega, ni fotografías de recepción, ni inventarios patrimoniales. A pesar del numeroso y millonario inventario aquí detallado:

Y conociendo el talante con lo nunca visto en la Alcaldía de Sincelejo, el crash que convierte cada irregularidad en circo administrativo, es fácil predecir que los bienes del convenio 2025 tampoco aparecerán. Porque en Sincelejo las compras se ejecutan en el papel, los pagos se giran a la velocidad del rayo y los equipos se esfuman antes de pasar por la puerta del almacén.
¿Será que las botas, las camionetas, los camiones y los compresores nunca entrarán al inventario municipal?
¿Será que el único fuego que combatieron fue el de la vigilancia de los órganos de control?
Las preguntas son retóricas, pero las respuestas, si se confirman los indicios, serán de peso fiscal y penal.
El marco normativo es contundente.
• Ley 80 de 1993 y Ley 1150 de 2007: exigen planeación y selección objetiva.
• Decreto 092 de 2017: prohíbe convenios para suministros.
• Ley 1575 de 2012: ordena fortalecer primero al Cuerpo de Bomberos Oficial.
• Constitución, artículo 338: prohíbe ejecutar gastos no autorizados en el presupuesto.
Pero en Sincelejo todo se flexibiliza cuando se trata de contratos con nombres de películas y transmisiones en vivo por redes sociales. Porque aquí no hay licitaciones, hay “cooperaciones”; no hay contratistas, hay “aliados estratégicos”; y no hay interventores ni supervisores, hay “testigos complacientes”.
Detrás de estos convenios puede configurarse:
• Responsabilidad disciplinaria, por omitir la planeación y los controles.
• Responsabilidad fiscal, por pagos sin soportes ni entregas comprobadas.
• Y responsabilidad penal, por celebración indebida de contratos y peculado por apropiación o uso, si se demuestra que los bienes jamás ingresaron al patrimonio público.
En esta Alcaldía todo se repite con precisión quirúrgica, y eso no es casualidad: es la maña. Mientras a los verdaderos bomberos oficiales de Sincelejo no les pagan puntual, los acosan y trabajan con equipos obsoletos, los convenios millonarios se esfuman en el aire como humo político. El municipio compra camionetas, camiones, botas y compresores que nadie ve, ni aparecen, y los ciudadanos siguen esperando que el próximo incendio no los encuentre con el mismo discurso de siempre: “No hay plata”.
La ironía es dolorosa: el servicio público esencial se debilita, y la burocracia ardiente sigue firmando convenios a toda llama. La transparencia, en cambio, ya fue declarada pérdida total.
Finalmente, el mensaje para los organismos de control: Tal vez sea hora de revisar no solo los papeles de los convenios, sino también el almacén municipal, ese lugar donde deberían reposar los bienes adquiridos. Porque en Sincelejo, parece que los extintores llegan, pero no dejan rastro ni de humo.