Podemos revisar la alegoría de la tienda de barrio como el lugar escogido para mostrar la representación de humildad de quienes nos levantamos en estratos bajos, los valores, las buenas costumbres, la economía popular, la solidaridad vecinal, la confianza y la unidad comunitaria.
No obstante, esta metáfora también se utiliza para quienes, apartándose de las buenas costumbres, promulgan desorden, despilfarro y todo aquello que limita e impide crecer.
Desafortunadamente, la administración municipal de Sincelejo, en lugar de organizar la ciudad en un depósito emprendedor, con pulcritud y trabajo local, hoy es la antítesis. El tendero administra al municipio con incoherencia e improvisación.
En esta tienda anárquica, no existe la opinión de los ayudantes, bien sea por miedo a ser despedido o ignorado en la terquedad del tendero. En la gobernanza sincelejana, el séquito del dios le teme y, cuando alguno se atreve a manifestar opinión, es completamente anónimo.
Ahora bien, quienes no forman parte de sus afectos, los descuartiza reduciendo la planta de personal sin importar las familias de los trabajadores y su “estabilidad laboral reforzada”, como se evidencia en los fallos de tutela.
Como se trata de administrar el despacho en forma temporal, se endeuda descaradamente sin pensar en las generaciones futuras, no realiza el ejercicio de proyectar el impacto fiscal sobre su masacre laboral, como lo señaló el juez al suspender las facultades para modificar la planta.
En este desbarajuste, arroz se cambia por aceite o azúcar se presta con panela. Tal y como sucedió con la póliza del PAE, donde el municipio desembolsó el dinero para pagarla, haciéndole un fiado al contratista y anotándolo en el cartón de Marlboro.
Como esta miscelánea es la única en el barrio, mejor dicho, en la ciudad, aumenta los precios a su antojo para que la vecindad sincelejana pague mucho más; como sucedió con el acta de No. 1 de 2024 del comité de avalúos de la Dirección de Catastro, que aumentó el impuesto predial recién actualizado el catastro, con el argumento de estar actualizado con avalúos irrisorios. El alcalde hizo una reforma tributaria a su antojo sin pasar por el concejo; los precios de los abarrotes son impagables.
Este minimarket de desgobierno proyecta gastos y compras que no pueden ser cubiertos por sus ventas, como acontece con la aprobación de presupuestos desproporcionados, de papel, que tienen las finanzas en déficit fiscal, para 2024 por $57.000 millones, que promete aumentar en 2025.
Esta tienda simplemente ha comprado productos caros perecederos que se esfuman fácilmente, no tiene inventario que perdure, es decir, no hay parques lineales, no hay nuevas escuelas ni canchas deportivas que mostrar, solo existen efímeros eventos deportivos y una efectiva materialización de deudas crecientes.
Propone el expendio, vender los inmuebles donde guarda los pocos insumos que le quedan, solo para pagar deudas adquiridas por el tendero derrochador; como pretende con las facultades otorgadas por el concejo para vender los inmuebles, el único patrimonio real que tiene la ciudad.
El coadministrador del establecimiento es tan torpe como el tendero. El concejo municipal de Sincelejo, siendo llamado para ejercer control político sobre la gobernanza, se opone a este elemental ejercicio, gracias a una cerveza o un mecato del estante, sin importar el retraso en los giros a los demás entes descentralizados.
A pesar de tener más ingresos gracias al esfuerzo de los administradores anteriores, el alcalde y concejales han arrasado con el inventario y las ventas de este negocio en menos de dos años, al punto de no tener caja para pagar las obligaciones, como proveedores, giros a la contraloría municipal, empréstitos, liquidaciones; y lo más grave, la nómina de empleados que aún no refleja el pago del mes anterior, algo que no ocurría hace más de una década.
Pésimo administrador, ¡le quedó grande!
La tienda de barrio llamada Sincelejo, en lugar de convertirse en una muestra de emprendimiento creciente, solo es el reflejo de una gobernanza desquiciada y soberbia utilizada para mantener el ego del tendero y su horda.
La ciudad está quebrada; su alcalde la convirtió en un territorio completamente destruido, devastado y vacío; y que, al terminar su administración, no quedará tierra sobre tierra.