Mi madre siempre decía que a las visitas no se les recibe con la casa sucia. Es una regla de oro de la dignidad y el respeto. Sin embargo, en Sincelejo, parece que los encargados de barrer la sala se robaron hasta la escoba.
Hoy, mientras la ciudad y los políticos se ponen sus mejores galas para un campeonato internacional de softball, los que transitamos estas calles a diario para trabajar sabemos que el brillo del diamante de juego no alcanza a tapar los huecos y el lodo de nuestras vías. Mucho menos logra ocultar la podredumbre de administraciones que han dejado rastros históricos de corrupción, sumándose a las actuales en un ciclo que parece no tener fin.
No escribo esto como una experta en política ni en estrategias de gobierno; hablo como una ciudadana del común, alguien del sector comercio que se levanta todos los días a trabajar y transita las mismas calles deterioradas.
Lo que siento es una mezcla de indignación y vergüenza. Da sinsabor ver a los visitantes extranjeros escoltados por la policía para ofrecerles una seguridad que la ciudad no tiene de forma natural.
Es un mal testimonio; es admitir que no estamos preparados para ofrecer una ciudad limpia, segura ni amigable, porque hasta el día de hoy las gestiones a retazos y a medias solo han servido para tomar la » fotico » que debe llevar el informe de rendición.
Sincelejo se siente usada. Los niños se sienten usados al robarles su alimentación; la Universidad de Sucre se siente usada por el desfalco sin control de sus recursos; las calles se llenan de esplendor solo en los papeles de los contratistas. La verdad es que hemos sido por siglos el trapo viejo que limpia las limosinas de los bandidos.
A pesar de todo, nos tocará disfrutar de este trago amargo y esperar que, al menos, el comercio y los sectores involucrados vean algún beneficio. Al final, lo único que puede salvar la cara de Sincelejo ante el mundo no es la gestión de sus gobernantes fracasados, sino la energía de su gente: esa alegría y atención del sincelejano que, a pesar de la rabia, siempre sabe ser buen anfitrión.
Esperemos que esta tendencia de voces inconformes resulte en actores justos y capacitados para ayudarnos a limpiar la casa y salir de este ciclo sin fin. Disfrutemos un campeonato de softball en respeto y cultura ciudadana, por nosotros y por nuestros visitantes.