Los eventos que recientemente el país entero ha conocido sobre el municipio de Sincelejo y las aciagas de su empoderado alcalde son el efecto de elegir como primera autoridad al político más cuestionado en la historia de la ciudad; no podemos pedir peras al olmo, y lo más grave, apenas alcanza la mitad de su periodo institucional. Para cuando este termine, no quedará una sola piedra sobre otra.
La forma como se reparten los recursos públicos del Programa de Alimentación Escolar, según videos conocidos, solo es comparable con una película de tramposos. Esa insensibilidad con que el alcalde dispone para él y su horda los dineros destinados a mitigar el hambre y la desnutrición de los niños evidencia su apetito de poder y dinero, sin escrúpulos. Actuación sencillamente deleznable.
Semejante aberración del alcalde de Sincelejo causó la inmediata reacción de la clase política del orden nacional; senadores opositores y antiguos aliados de su partido sentaron su reproche. No es para menos.
Pero la alimentación de los niños no es la única afectada por el mandatario; los trabajadores de la planta municipal fueron despedidos como ovejas al matadero por el solo hecho de no formar parte de su grupo familiar o político. Tal como lo evidenció el mismísimo Ministro del Trabajo, quien tuvo que presidir Audiencia Pública Sindical y Laboral en Sincelejo ante la andanada de quejas, reclamos y decisiones judiciales que acreditan el malévolo proceder del gobernante.
Los presupuestos presentados por el alcalde causaron el peor comportamiento financiero en la historia; el municipio está quebrado en menos de dos años de gobierno y los fallos judiciales en contra de cada norma presentada al concejo confirman su actuación desinteresada por la ciudad y en favor propio.
Para mantener su festín de repartición, el gobierno municipal implementa permanentemente estrategias evasivas de la licitación pública, esto les permite ejecutar los recursos mediante contratación directa, ejemplos por doquier, los convenios con IMDER en 2024, el cuerpo de Bomberos, el Fondo Mixto Sierra Nevada, inclusive el mismo PAE es objeto de estos cuestionamientos.
Semejante manipulación pública se realiza ante la mirada de la clase política de la ciudad y del departamento; pocos se salvan.
El alcalde municipal hace lo que se le da la gana y sus comunes políticos no dicen absolutamente nada, como si arrodillarse al becerro de oro fuese más importante que la ciudad que los mantiene. Los concejales renunciaron a ejercer control político, dan vergüenza; inclusive, el candidato presidencial sucreño omite pronunciarse sobre el alcalde, hecho que resalta su desinterés por Sincelejo.
No existe término medio ante las actuaciones del alcalde; los sincelejanos deberán sentar una postura radical: si rendir pleitesías a quien destruye la ciudad o asumir una actitud de rechazo. Por supuesto, a los tibios hay que vomitarlos; con el mal no se negocia.
Mientras la capital sucreña agoniza, las reacciones ante el burgomaestre mitómano apenas comienzan; corresponderá entonces a los políticos, comerciantes, docentes, cristianos, padres de familia, servidores públicos y ciudadanía en general: reprochar o arrodillarse, justificar al malhechor u oponerse. No existe espacio para tibios.