En Sincelejo la juventud llena estadios pero no encuentra trabajo.

El 16 de julio, el Gobierno nacional llegará a Sincelejo para lanzar, junto con la Alcaldía, una campaña sobre los Consejos Municipales de Juventud.

El evento busca promover la participación de los jóvenes en los asuntos públicos, un propósito loable en el cual se debe trabajar sin ahorrar esfuerzos, pero que resulta completamente desconectado de la realidad que enfrentan miles de jóvenes en la capital de nuestro departamento.

Las más recientes cifras del DANE lo confirman: Sincelejo tiene hoy la segunda mayor tasa de desempleo juvenil del país; entre marzo y mayo de 2025, la desocupación de los jóvenes de 15 a 28 años subió del 24,5 % al 27,6 % frente al mismo periodo del año anterior.  Una cifra alarmante que no puede ignorarse en medio de los discursos y eventos.

En este contexto, suena casi irónico que se pretenda hablar de liderazgo juvenil mientras los mismos jóvenes que participarán en las elecciones no encuentran en Sincelejo ni empleo ni oportunidades reales para desarrollarse.

Y lo más preocupante es que la participación estudiantil en el evento será obligatoria, según lo expresado en varios comunicados enviados por instituciones educativas de la ciudad.

¿Qué mensaje se le da a la juventud cuando se les exige asistir a una jornada sobre participación, sin dejar listas primero las condiciones que la hacen posible?

El problema del desempleo juvenil en Sincelejo no es reciente ni coyuntural.  Es un fenómeno estructural que se ha venido profundizando por múltiples razones.  Una de ellas es la saturación del mercado laboral local en profesiones tradicionales.

Cada año, universidades y centros de formación de la ciudad gradúan a cientos de abogados, contadores, psicólogos, auxiliares administrativos y otras carreras similares.

Jóvenes que, a pesar de su esfuerzo, se enfrentan a una economía local limitada, donde el sector público es prácticamente el único generador de empleo formal.  Es decir, se forma a la juventud para un mercado laboral que no existe. A esto se suma una informalidad generalizada en Sincelejo, la cual no es solo causada por la falta de oportunidades, sino también por un entorno institucional poco amigable para el emprendimiento.

Hacer empresa en Sincelejo y emprender legalmente es un acto casi heroico: altos impuestos, trámites engorrosos y la ausencia de incentivos hacen que muchos pelaos opten por la informalidad como única alternativa de supervivencia.

La falta de una política pública clara de formalización y acompañamiento a jóvenes emprendedores ha cerrado las pocas puertas que podrían abrirse desde lo local.

Basta con caminar por el centro o cualquier barrio comercial para ver los letreros de “se arrienda” o “se vende” colgados como testigos silenciosos de una ciudad donde hacer empresa se ha vuelto inviable.

Las consecuencias de estas cifras del DANE son evidentes en Sincelejo.

Cientos de jóvenes frustrados, desempleados o subempleados, una generación que no puede independizarse, que no tiene cómo ayudar en sus casas ni planear su vida más allá del día a día.  Muchos se van a probar suerte a otras ciudades, mientras otros se resignan.

Algunos en barrios vulnerables terminan captados por economías ilegales que sí ofrecen “camello”, pero a costa de su futuro y el de Colombia.  Todo esto es un cóctel perfecto para un creciente escepticismo hacia las instituciones y la educación como vía de movilidad social.

Los jóvenes sincelejanos esperamos que la visita del gobierno nacional sirva, no para autopromoción y ni repetir frases aprendidas, sino para anunciar acciones concretas.

Sincelejo necesita con urgencia una estrategia integral para generar empleo juvenil y reactivar su economía desde la juventud.

Un buen ejemplo para Sincelejo son los bachilleres de Barranquilla que pueden obtener tres diplomas al finalizar sus estudios: el diploma de bachiller académico, un diploma técnico laboral y un certificado de idiomas (como Cambridge).

Esta reformulación de la oferta educativa debe alinearse con las nuevas tecnologías en la era de la inteligencia artificial y los trabajos virtuales.

Necesitamos programas serios de inglés desde el colegio, formación técnica pertinente, incentivos fiscales para quienes emprenden, simplificación de trámites para formalizarse y espacios donde empresarios consolidados puedan conectar con jóvenes emprendedores para acelerar ideas.  Eso soñamos.

El 16 de julio, al caer la tarde, veremos en fotos del gobierno nacional y local el estadio de béisbol abarrotado de jóvenes sincelejanos.  Sin embargo, el 17 en la mañana la situación será la misma: volver a enviar la hoja de vida con la esperanza de que algún contacto político la mueva, buscar en LinkedIn algún anuncio o montarse en una moto a rebuscarse.

La juventud de Sincelejo no necesita discursos ni eventos. Necesita que se le respete y que se le incluya en serio.  Necesita que su talento y su energía sean valorados como motor de desarrollo.  Necesita, sobre todo, oportunidades reales para quedarse y construir aquí, en su tierra, un futuro digno.

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