Sincelejo: De la Mesura al Despilfarro.

La Constitución Política de Colombia en su artículo 16 reza lo siguiente: “Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de la personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico”; es decir, garantiza el derecho al libre desarrollo de la personalidad, siempre que no vulnere la ley o los derechos de los demás.

Así mismo, dentro del marco del Estado de Derecho, los particulares gozan de la libertad de hacer con su vida lo que les plazca, siempre y cuando no afecten a terceros. Mejor dicho, como particular puedes asumirte como despilfarrador, derrochador, porque al fin y al cabo tus decisiones, por regla general, solo traerán consecuencias sobre ti mismo.

Ahora bien, el Artículo 209 de la Constitución dispone que todos los servidores públicos, incluidos aquellos elegidos popularmente, tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir las normas, respondiendo por las acciones y omisiones en el ejercicio de sus funciones; y les atañe una carga adicional que consiste en la afectación que pudieran tener los gobernados por sus decisiones, más aún si con sus actos soberbios despilfarran el dinero público sin hastío.

Sincelejo Mesurado es el nombre que podemos otorgar a la ciudad durante la última década, en donde el propósito de la morfología urbana se fundaba en fortalecer las finanzas para pagar deudas anteriores y, con gran sacrificio, preparar el terreno para ocuparse de necesidades fundamentales como el transporte público, el agua potable, calidad educativa y desarrollo territorial, entre otros. Bases que se edificaron durante ese periodo.

Llegado el momento cúspide, la ciudad debía disfrutar los resultados de tantos años de sacrificio en donde, a través de herramientas como la gestión catastral y la actualización, se aseguraban los recursos para la puesta en marcha del transporte de los sincelejanos; el mejoramiento de vías y los espacios de esparcimiento como los parques lineales.

En tratándose de los buses, sería bueno conocer cómo fue la redistribución de los componentes del convenio y cómo se reprogramaron los desembolsos de los aportes de la nación, ya que los recursos destinados al FET (fondo de estabilización tarifaria) del 2024 y 2025 se dispusieron arbitrariamente para otros antojos del alcalde.

Además, no se conoce la marcha de los recursos de agua potable y saneamiento básico que por $148.000 millones consiguió la administración anterior sin que el municipio deba gastar un solo peso.

Lamentablemente, el municipio dio un giro de 180 grados, dejando de ser una ciudad mesurada para convertirse en Sincelejo despilfarradora, esa en la que el gobernante de turno se da el lujo de cambiar su nombre por el de los 57.000.

El alcalde, en solo un año de gobierno, se apartó del comportamiento mesurado y austero para asumir la disposición de destruir las finanzas del municipio a través del despilfarro y el excesivo gasto público; comportamiento derrochador y disipador, que lo llevó a contraer un déficit fiscal de $57.000 millones de pesos, transformando la ciudad de mesurada a despilfarradora y derrochadora.

El alcalde YA arruinó la ciudad y ahora pretende utilizar la planta de personal de la alcaldía como chivo expiatorio para justificar su incompetencia financiera.

Como se puede evidenciar en el informe de la secretaria de Hacienda, parte del hueco fiscal radica en las plantas temporales, debido a que los gastos de personal pasaron de $41.210 millones en 2023 a $56.259 millones en 2024, lo que implica un incremento de $15.049 millones, demostrando que el problema no es la planta fija de la administración; sin embargo, el alcalde insiste en atemorizar y horrorizar a los empleados, generando un ambiente laboral hostil.

Muy a pesar de que la administración sospechosamente no muestra en qué se gastaron los más de $57.000 millones del déficit fiscal, poco a poco se va descubriendo, como el caso de los 6.800 millones que se giraron a la corporación 20 de enero, cuya función social es desarrollar actividades culturales y tradicionales y que nada tiene que ver con el propósito aparentemente planteado por el alcalde para financiar el traslado de los vendedores ambulantes a la plaza La Paz.

Así mismo, se conoce la cereza del pastel a través del periódico El Tiempo e Infobae, referente al Programa de Alimentación Escolar PAE, cuya investigación señala a este convenio como uno de los más caros del país.

Tardarán años para que la Sincelejo derrochadora retome el sendero del ahorro, porque el alcalde manirroto y derrochón dejará a la ciudad quebrada, con el riesgo de perder la segunda categoría y con una carga de endeudamiento que debemos pagar todos los sincelejanos; los primeros en soportar esta carga serán injustamente los empleados de la planta de personal.

Posdata: El alcalde y su séquito dicen que Sincelejo despilfarradora es la ciudad más segura de Colombia. Causa curiosidad que las mujeres tengan miedo de hacer ejercicio en las calles; los empleados de la planta de personal tienen miedo, terror y zozobra de perder sus empleos; y el alcalde mismo tiene miedo de mostrar en qué se gastó los $57.000 millones del déficit fiscal. ¡Paradójico!

 

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