Dos casos:
El primero, hace 2000 años: “padeció bajo el poder de Poncio Pilatos” así se describe en el credo católico. Este personaje tenía en sus manos la decisión de liberar a Jesús de Nazareth, sin embargo, optó por la decisión de la multitud persuadida por los sacerdotes “Porque sabía que por envidia le habían entregado” (Mateo 27:15). Se lavó las manos.
El segundo, Gustavo Petro, emite dos actos administrativos abiertamente irregulares, El decreto de Emergencia Económica y el Decreto del Salario Mínimo. Una vez revisados, fueron suspendidos, como es obvio, no soportaron un rigor legal, están viciados de cabo a rabo, él lo sabía y aun así los emitió.
¿Qué tienen en común Pilatos y Petro?
Ambos conocían las consecuencias de sus actos, sabían de manera premeditada lo que pasaría.
Ambos tomaron su decisión con propósitos de poder. Para quedar bien, Pilatos con el rey y los sacerdotes; y Petro con el pueblo votante, quien le entrega el poder.
La política es la guerra de las narrativas y la guerra es continuación de la política pero por otros medios, afirmaba Carl Von Clausewitz. El poder es utilizado para persuadir, para timar incautos. Al pueblo no hay que darle de comer, hay que darle de que hablar, afirman algunos.
A diferencia de la afirmación de Javier Milei, Maquiavelo no ha muerto, sigue más vivo que nunca en la mente de los políticos que adoran el colectivismo, quienes por cualquier medio buscarán alcanzar el poder y una vez allí, actúan con el único propósito de perpetuarse en él.
En el marco de esa narrativa política, el grupo cercano a nuestro presidente ya tiene su caballito de batalla, saldrán a las calles a protestar, reprocharan a los magistrados por sus ingresos exorbitantes frente a la miseria del salario mínimo, en fin, buscaran todo tipo de artimañas para alimentar las emociones más negativas del ser humano, el odio, la envidia y el resentimientos con fines netamente electorales.
El presidente vende una ilusión para ganar aplausos, para posar de salvador, de dios todopoderoso como buen colectivista. Lanza un salvavidas a un candidato que soporta tres cargas: la primera, la del presidente, todos los días sale a la luz un escándalo nuevo en su gobierno; la segunda, la suya, esa de ser muy cercano a los grupos terroristas y su formación comunista; y la tercera, la desconexión total de sus discurso, no mueve, no emociona, algo que a Petro tienen de sobra.
Así se manejan las relaciones de poder, cuando solo te interesa eso: El poder.