La política es la guerra de las narrativas, es el arte de manipular las mentes débiles de las masas, es aprovecharse de la infelicidad y la pobreza para vencer en la batalla política, con un objetivo central, la consecución de votos para ganar elecciones y obtener el poder.
La verdad nada importa, se relativiza, se cuenta a medias para dejar un relato que favorezca los intereses de un grupo político. Esta metodología es utilizada especialmente por ideologías de izquierda, cualquiera que sea su denominación, socialismo, comunismo, nazismo, fascismo y progresismo.
Una muestra de esta metodología maliciosa es el reciente reproche sobre el consumo de carne de burro en Argentina, que solo tiene el propósito de desprestigiar al liberalismo como ideología y al presidente Milei como contrincante en las elecciones de ese país en 2027. Obviamente es usada también por los progres colombianos para atacar a los nacientes libertarios.
Esa contaminación de los valores morales que no permite realizar una mínima observación de la realidad es generada por la envidia de ver que los demás obtienen resultados, mientras sus ideas progresistas fracasan. Resienten al punto de destilar odio, y su felicidad esta basada en el perjuicio de los demás. Nada más opuesto a la fe cristiana.
Toman parte de la verdad, como el aumento de los precios de la carne bovina debido a las exportaciones, para vender que la economía está mal y la pobreza es extrema, tanto como para llevar al ser humano a sacrificar los pollinos para comérselos, cuando la realidad es una alternativa adicional al pollo, al cerdo, con precios más accesibles.
El progresismo no te cuenta que, gracias a sus políticas proteccionistas sobre la carne bovina, a muchos argentinos les asistió dejar la ganadería por la agricultura, generando uno de los efectos del proteccionismo, la escasez.
Economía básica, la escasez surge porque el proteccionismo reduce artificialmente la oferta, es apenas lógico que, al abrir el mercado de carnes en el gobierno de Milei, las exportaciones son más atractivas y aumenta el precio interno. No dicen que la responsabilidad obedece inicialmente a las ideas progresistas. Y pensar que nuestro presidente anunció restricciones a las exportaciones de carne, el mismo socialismo empobrecedor.
Tampoco te cuentan que Argentina es uno de los principales exportadores de carne de caballo y que inicia su mercado de carne de mulo y burro. Mucho menos te dicen que el emprendimiento nace como alternativa productiva, no tiene nada que ver con el aumento del precio de la carne, como lo relata el mismo productor.
Los progresistas en su inmarcesible envidia no narran que el emprendimiento ha sido un éxito, que su aceptación es descomunal y no existen prejuicios en la zona donde se propuso la prueba piloto. Menos te dirán que existen países con alto consumo de carne de burro, como China, Vietnam, Italia, Francia, entre otros.
La narrativa progresista pretende dejar maliciosamente una impresión de hambruna, de necesidad extrema, al punto de tener que comer carne de burro. Es como si el argentino mencionara que el hambre de Colombia es de tal magnitud, que nos asiste comer ratas, porque en Nariño consumen el Cuy.
Los petristas en Colombia tratando de enlodar la cancha, buscan la paja en los ojos de Milei, mientras en nuestro país la inseguridad alimentaria pulula y aproximadamente el 30% de los colombianos no alcanza a comer tres veces al día, omiten la viga en los ojos de Petro.
Ante la narrativa política de la izquierda que pretende mostrar el consumo de carne de burro como hambruna en Argentina, tenemos dos opciones: asumir que son ingenuos y recordarles que quedaron como burros; o entender que vienen con malicia y responderles como lo hizo Jesús de Nazaret… ¡Hipócritas!