Un ser humano extraordinario en todo el sentido de la palabra. Nos llenaba siempre de esperanza con sus mensajes y con sus acciones, tales como tener esa compasión e interés por tratar de buscar no solo el equilibrio en la sociedad, sino que, a través de sus mensajes, adelantar cruzadas en favor de los más carenciados.
Ser carenciado no es no tener dinero, es ser excluido o marginado de la sociedad.
Me conmovió mucho su lucha en favor de los migrantes, la trata de personas, que, sin temor a decirlo, él denunció estas situaciones en países con esta clase de fenómenos como el nuestro; pero que las sociedades actuales, le parece muy duro y entonces toca utilizar eufemismos con el fin de minimizar esta clase de hechos.
Estas desbandadas de migrantes son producto de la forma como se utiliza indebidamente la economía en ciertos países, la forma como se gobierna. Con esto no espero que me rotulen de ser de un bando o del otro, sino que, siguiendo el mensaje del papa Francisco, la solución que debemos generalizar es la de la compasión, la de la conciencia, la de garantizar el valor de la dignidad humana. Dios no nos ama por lo que tenemos en nuestros bolsillos, sino por lo que somos.
Esa nobleza de Su Santidad Francisco en manifestar siempre sus votos de pobreza nos enseñaba todos los días la clase de persona que era y la clase de iglesia que quería; así lo hizo en la exhortación apostólica Evangelii gaudium.
Tanta era su grandeza que desde el inicio de su pontificado así lo dispuso. “Todos tienen el derecho de recibir el evangelio. Todos los que somos cristianos debíamos anunciarlo sin excluir a nadie por ninguna razón.
Ese llamamiento se hizo para los más de 1406 millones de cristianos en el mundo.
Me conmovía mucho cuando este mensaje, lo repetía y lo repetía y así lo hizo en Río de Janeiro ante un poco más de 3.5 millones de jóvenes de todo el mundo, en la Jornada Mundial de la Juventud. Aquí supe que este papa no solo sabía lo que quería, sino que sabía cómo multiplicar su mensaje y que fuera efectivo.
En este momento supe que era un papa actual, consciente e incluyente y eso a los jóvenes los tocó demasiado.
Esta es la razón por la que la juventud lo quería tanto. A muchos cristianos estas acciones algunas veces les molestaban, pero el papa Francisco respondía con una bondad y una generosidad: «¿Quién soy yo para juzgar?».
Esto sí que es un buen pastor.
Adicionalmente, los jóvenes se los echó al bolsillo cuando comenzó a hablar de medio ambiente, cambio climático. El papa entendió que la iglesia de Pedro se mantendrá en el tiempo con estos jóvenes. Durante su pontificado de un poco más de 12 años, los fieles seguidores de Jesucristo se incrementaron levemente; los nuevos fieles, un poco más de 16 millones en todo el mundo; eso es muy poco. Ahora, al sucesor de Francisco, tendrá una tarea titánica, no solo de sostener la iglesia de Pedro, sino de motivar más a la juventud, y esto no se consigue con exhortaciones o con encíclicas.
Es que el Papa Francisco puso muy alto este compromiso. Esta labor tendrá que ser realizada no solamente por los integrantes de la Iglesia, sino que tendremos que ponernos el overol para participar en este crecimiento y expansión de la Iglesia.
El Papa Francisco, gran conciliador, amigable componedor, que repudió la guerra de Ucrania con Rusia y en la franja de Gaza, no solo lo manifestó, sino que tuvo un rol fundamental. Así los hizo saber: “una vergonzosa desgracia para toda la humanidad” y un “genocidio contra los ucranianos”. Situación tan difícil que invitó a los jóvenes ucranianos a “perdonar en lugar de optar por la venganza”.
Yo sí me siento orgulloso como latinoamericano del Papa Francisco; nos dejaste un bonito legado para todos los creyentes.
Por eso, en sus últimas palabras escritas y compartidas el domingo de Pascua de este 20 de abril, “pidió el fin de la violencia en todo el mundo y compasión por las personas marginadas del mundo”. “En este día, quisiera que todos renováramos la esperanza y reviviéramos nuestra confianza en los demás, incluso en quienes son diferentes a nosotros o vienen de otras tierras lejanas, trayendo costumbres, formas de vida e ideas desconocidas, ¡porque todos somos hijos de Dios!”. Continuó diciendo: “No puede haber paz sin libertad religiosa, libertad de pensamiento, libertad de expresión y respeto a las opiniones de los demás”.
Hizo un llamado a las personas que ocupan puestos de responsabilidad política en el mundo para que no cedan a la lógica del miedo, que esto solo conduce al aislamiento de los demás.
Hay que ayudar a los necesitados, combatir el hambre e impulsar iniciativas que promuevan el desarrollo; dijo el Santo Padre Q.E.P.D.: “Estas son las armas de la paz, armas que construyen el futuro, en lugar de sembrar semillas de muerte”.
Te recordaremos con especial cariño; descansa en la paz del Señor, querido Papa Francisco.