Nuevos liderazgos: ¡un llamado a arrostrar sin desfallecer!

“Primero te ignoran, luego se ríen de ti, después te atacan, entonces ganas”.                                                                                                                                        Mahatma Gandhi

 

El peso de atreverse a ejercer nuevos liderazgos trae consigo el despertar de una animosidad intangible por parte de los líderes tradicionales, con la intención unívoca de mermarlos o incluso desaparecerlos.

Y es que, al abordar este tema, es inevitable traer a colación frases que, a razón de las conveniencias electorales, salen a relucir de tanto en tanto para que los discursos sean políticamente correctos.  Es por ello que frases como “Los jóvenes son el presente y el futuro de nuestra nación” o “Ha llegado la hora de dar paso a nuevas ideas y nuevas manos que tomen las riendas” resultan realmente difíciles de materializar, por las consecuencias a mediano y largo plazo que traería consigo la realización de dichas arengas.

Siempre se ha manifestado que el poder ejerce algún tipo de adicción sobre quien lo ostenta, y nuestra región es un claro ejemplo de ello.  Por tanto, el ejercicio de nuevos liderazgos en departamentos como Sucre se limita en demasía; de hecho, de manera intrínseca, parece que el surgimiento de nuevos líderes políticos en el departamento está condicionado al visto bueno de los actores de la política tradicional.

La realidad de nuestros días nos muestra de manera contundente la inconveniencia de darle cabida a jóvenes con una visión política que no se limite a los intereses particulares de las casas políticas de tradición.  Se ha creado una verdad dentro de la praxis política que pareciera resumirse en el miedo de la clase política a permitir que se avizoren nuevas visiones de región.

Aunado a esto, las costumbres políticas que por décadas han permeado la capacidad de decisión racional de los electores conllevan cuestionar de fondo nuestro rol como ciudadanos.

Lastimosamente, el miedo a perder la fuente de sustento personal e incluso familiar —debido a la relación íntima que en nuestro departamento existe entre fuentes formales de trabajo y el ejercicio político— perpetúa, y hasta parece legitimar, la extinción prematura de cualquiera que se atreva a someter a consideración una postura independiente que no responda a los intereses de los marcados grupos de poder que hoy existen en Sucre.

A aquellos que, desarraigados de cualquier asomo de incidencia de la política tradicional, se han atrevido a realizar un ejercicio político, no queda más que decirles: solo quien arrostra sin desfallecer los embates del poder establecido podrá sembrar la semilla de un nuevo porvenir político en nuestra tierra.

La historia nos ha enseñado que los cambios verdaderos siempre serán directamente proporcionales a la valentía de tomar decisiones acertadas, incluso cuando esas decisiones incomoden al poder de siempre.

Hoy más que nunca llegó el momento de persistir, insistir y resistir.  Aunque los frutos parezcan invisibles y las manos se cansen de sembrar en tierra árida, el futuro será un deudor de quienes, firmes en sus convicciones de cambio, arrostren sin desfallecer los embates de la vieja política.

Con absoluta certeza, la dinámica que impone la avasallante y demoledora maquinaria política imprime a los nuevos líderes el deber de coaligarse, de fortalecer los puntos donde existan consensos y de trabajar sobre los que no.  Los líderes del hoy están obligados a entender la imperante necesidad de aunar esfuerzos para garantizar alguna esperanza de cambio a futuro.

La verdadera transformación no vendrá con discursos vacíos ni con promesas repetidas: vendrá con el ejemplo, con la coherencia y con la capacidad de sostener una lucha que no busca réditos personales, sino una nueva forma de habitar la política.

A quienes ya han dado el primer paso les asiste una responsabilidad que trasciende lo electoral.  No están llamados únicamente a participar, sino a construir con visión, con decencia y con coraje.  Porque cada paso que se dé hoy en dirección contraria a las viejas prácticas será semilla fértil para una generación que no quiere limosnas de poder, sino la dignidad de gobernar con propósito.

 

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