Nos hace falta calle… pero de la buena: una mirada a la cultura ciudadana.

Sincelejo podría ser el mejor vividero de la zona norte de Colombia, pero una amenaza silenciosa y cotidiana le impide avanzar: la falta de cultura ciudadana.

Y no lo digo solo yo, es un tema que ya le dio muchas vueltas a la manzana por observadores, políticos, ciudadanos u otros mientras se toman el tinto de la tarde, una ciudad con apuestas y riquezas únicas, por su ubicación, sus tierras y no solo geográficamente; somos una cuna de talentos en diversas áreas. En fin, podríamos ser la tierra prometida.

Pero hoy quiero plantear una amenaza latente que la vemos todos los días cuando cogemos la mototaxi para ir al trabajo, cuando vamos a un parque y se comparten zonas comunes de recreación o haciendo una fila en el banco.

«La cultura ciudadana de Sincelejo está llena de barro». Si es que se siente barro como ciudadana, saber nuestro potencial y que nosotros los mismos ciudadanos la embarremos todos los días.

Como le respondí a mi hijo hace algunos días, la cultura ciudadana es cuando todas las personas en una ciudad se portan bien y respetan a los demás para que todos vivan mejor.

Es como tener buenos modales, pero no solo en la casa, sino también en la calle, en el parque, en el bus, en la escuela… ¡En toda la ciudad! Y es así como debemos traducir un tecnicismo social a la gente, para que podamos adoptar el concepto sin tanto protocolo.

Me gusta mucho poner este ejemplo: se dice que el paisa es regionalista, defiende y ama su ciudad, mejor dicho, le pone hasta velitas, pero hay algo muy sencillo de lo que todos los que hemos visitado esta ciudad nos damos cuenta, y es orgullo antioqueño: el metro. Pero lo relevante de este sistema no es solo la tecnología en movilidad, sino su sistema de educación hacia sus ciudadanos para cuidar un recurso colectivo.

La famosa “Cultura Metro” es más que una grabación por los parlantes: es un programa constante de formación, respeto y civismo que opera 365 días al año, 24 horas al día.

Y funciona. Sí, las comparaciones no son tan bonitas, pero con esto quiero resaltar la importancia de las inversiones, como la responsabilidad que cumplen las administraciones locales para educar a la ciudad, y que lamentablemente han sido muy escasas, insuficientes y sin resultados en Sincelejo, porque lastimosamente no se trata de una apuesta de temporadas; debe ser una bandera de obligación social y moral de cada político de turno.

Sincelejo perdió el examen: se salta las filas en los comercios, no prioriza en las necesidades de ancianos y mujeres, no recoge las heces de las mascotas, arroja basura a la calle, la falta de cortesía en la atención al público, se vuela los semáforos, han dañado los parques nuevos; en fin, la verdad es que este examen no lo podemos salvar los pocos que llevamos la conciencia a la calle todos los días, porque la ciudad es el conjunto de sus habitantes.

Mi querido lector, esta chica del tinto puede concluir que la cultura ciudadana no es un lujo, es una necesidad para el desarrollo integral de una ciudad.

La cultura ciudadana no es opcional.
No es para los más educados ni para los más viejos.
Es la base invisible de cualquier ciudad que quiere progresar.

Y no se impone por decreto: se enseña, se refuerza, se practica todos los días.

Así que, políticos de turno, si de verdad quieren transformar Sincelejo, dejen de inaugurar obras y empiecen a formar ciudadanos, pero que así mismo nosotros, los actores cotidianos, nos llenemos de conciencia de cultura social, porque nos hace falta calle de la buena.

Porque sin cultura ciudadana, toda ciudad está condenada a ser solo cemento… mal cuidado.

 

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