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El Intervencionista

Masacre Laboral: El Sindicato Inservible

El planteamiento de Hayek en su obra “Sindicatos, ¿para qué?” deja en evidencia que las organizaciones sindicales generan un impacto negativo en el mercado y la sociedad.  Muy distinto al concepto que las masas tienen impregnado en la psiquis como parásitos mentales, los sindicatos no sirven de mucho; para la muestra, el Sindicato de Trabajadores Públicos del Municipio de Sincelejo.

Todos somos medianamente conscientes de que a la masacre laboral de los trabajadores de la alcaldía de Sincelejo le asiste la responsabilidad absoluta y exclusiva al alcalde de la ciudad, quien creó una crisis explícita, el déficit de 57.000 millones en su primer año de gobierno, para luego aniquilar la planta de personal a su antojo.  Actuación que es deleznable.

Empero, no podemos olvidar a la organización que entregó al gobernante, a los trabajadores que fueron contados como ovejas de matadero.  Se trata de SINDESERPUMUSIN, el sindicato que defendió ante el concejo el proyecto de acuerdo que anunció esta masacre laboral y que hoy tiene la osadía de emitir un comunicado lavándose las manos al mejor estilo de Pilato.  Actuación descarada, cínica e irresponsable.

Este sindicato tiene el descaro de justificar la debacle laboral responsabilizando administraciones anteriores, como si los recursos no alcanzaran a cubrir la nómina de la alcaldía.  Todo lo contrario, mientras el municipio contaba con recursos de libre destinación en 2020 por valor de $61.000 millones, ahora cuenta con $122.000 millones, es decir, en lugar de estar apoyando el recorte de personal, debería abogar por mejorar las condiciones de los trabajadores, justamente por contar con el doble de los recursos.  Los datos desenmascaran el relato de los miembros de la Junta Directiva de esta institución.

Pero la insolencia del sindicato no para allí; en ese mismo documento datado 23 de julio de 2025, el ente se opone a la creación de nuevas organizaciones sindicales, es decir, constriñe el derecho de asociación de los trabajadores para que unidos puedan defenderse de la tiranía que hoy cobija a los servidores públicos de la alcaldía.

Paradójicamente, quienes se integran con el compromiso de buscar dignidad laboral son quienes se oponen a que los trabajadores se defiendan; por cierto, fueron justamente los que, en contubernio con el alcalde, causaron la masacre laboral que tiene a familias sin su sustento.

Si de buscar responsables se trata, los primeros en salir deberían ser el alcalde y los sindicalistas, mas no el trabajador, que nada tiene que ver con el déficit fiscal que sirve de sustento para motivar los actos administrativos que tiran a la calle a los empleados del municipio.

Ante este tipo de situaciones, donde quienes ostentan el poder humillan y atropellan a sus propios votantes y colaboradores, nos asiste la lección inmarcesible de aprender a elegir a nuestros gobernantes y el legítimo análisis preventivo de afiliarme a una organización sindical que se encarga de armar la guillotina para sus propios trabajadores asociados y entregarla al alcalde verdugo como nuevo juguete para su ejercicio político.

Posdata:  Toda mi solidaridad con Mario Yeneris, columnista de esta casa, quien ha sido objeto de censura.  “La libertad de expresión es decir aquello que la gente no quiere oír”. George Orwell.

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