Por un ciudadano preocupado:
Desde hace años, las calles de Sincelejo son un caos coreografiado por el ruido de los motores y el afán del rebusque. Por falta de un transporte publico nos acostumbramos a una postal dolorosa: ver a una mujer embarazada equilibrándose en la parrilla de una motocicleta, o a un anciano aferrado con manos temblorosas a la cintura de un extraño, o cuatro niños en una moto yendo al colegio, rogando que el bache de la próxima esquina no fuera el último.
La necesidad nos había quitado la comodidad, pero, sobre todo, nos había arrebatado la dignidad del trayecto.
Hoy escribo desde el asombro. Me vi obligado, por pura y física necesidad, a utilizar el sistema de transporte público de Sincelejo, los buses de La Ruta del Corazón Verde como los llamó la alcaldía, y lo que encontré, para mi sorpresa, no fue solo un bus; fue una tregua para una ciudad necesitada.
Subirse a la Ruta del Corazón Verde es, antes que nada, un avance en movilidad urbana segura y digna que Sincelejo gritaba por tener. El bus es amplio, uno va cómodo, el trayecto se siente distinto y la estructura física del bus te invita al respeto, algo que parece perdido en el asfalto y los andenes.
Es gratificante, ver que por un precio económico se pueda viajar sin el sol calcinante golpeando el rostro o el riesgo constante de una caída, choque o mal rato viajando en moto, y no es que denigre ahora del mototaxi, que mal que bien ha sido nuestra solución a falta de verdadera decisión política y administrativa de los mandatarios de turno, sino que desplazarse en moto hoy en Sincelejo se ha vuelto en un “casi…” “casi me atropella, “casi nos chocamos” “casi nos caemos” etc, pero viajar en bus en medio del caos de movilidad sincelejano se siente por fin, un avance positivo.
Adentro del bus se siente una amabilidad que no existe en la calle. Las personas, dicen “buenos dias” “gracias” “disculpe” y “por favor”, los más jóvenes ceden el asiento, las charlas casuales se vuelven cordiales, el bus se volvió un punto de encuentro del sincelejano, inclusive yo mismo me encontré con alguien que no veía hace años, el bus es un espacio de civismo.
Sobre los conductores, tengo una opinión muy positiva, me han perecido muy ambles y humanos, con alguna que otra excepción por supuesto, pero en general son muy atentos y cordiales con el usuario. Los he visto, como con toda paciencia, esperan a que un usuario de la tercer a edad o con discapacidad, se suba al bus con todo el cuidado, mientras los conductores de moto y de carros le pitan incesantemente para que se mueva.
El sistema es un cambio positivo, maravilloso en términos de civismo y cultura e ideal para aquellos sincelejanos que merecen por dignidad, desplazarse de forma cómoda, segura y económica en la ciudad.
Tristemente, se escucha cada vez más en las conversaciones de los asientos de los buses, que hace meses que no se les paga a los conductores sus salarios y prestaciones sociales, es grave.
Esto se nota en la falta de frecuencia de los buses, que cada vez demoran mas en pasar, se nota en los buses que se mantienen paqueados por dias, y la nueva actitud de los conductores, amables pero insistentes, de recibir primero el pago antes de pasar.
A propósito, sería pertinente, revisar la decisión de la reciente instalación de los torniquetes en las puertas de entrada, son incomodos, difíciles de pasar, especialmente para poblaciones vulnerables.
están colocando en los buses unos torniquetes increíblemente incomodos e innecesarios, difíciles de mover para personas de la tercera edad y embarazadas, por favor quiétenlos.
Es una lástima. Empiezan a percibirse señales preocupantes sobre la sostenibilidad del sistema de transporte en Sincelejo. No podemos permitir que este esfuerzo se convierta en una “luna de miel” pasajera. La historia de nuestra ciudad está llena de proyectos que nacieron con entusiasmo, pero que terminaron deteriorándose por falta de continuidad, gestión o apropiación ciudadana.
A la administración: es fundamental garantizar la frecuencia y confiabilidad del servicio. Un sistema de transporte solo cumple su función cuando es oportuno; de lo contrario, los usuarios, por necesidad, regresarán a alternativas más riesgosas e informales.
Al ciudadano: este sistema también le pertenece. No es un servicio ajeno, sino un espacio compartido que representa dignidad en el desplazamiento diario. Cuidarlo es también cuidar la calidad de vida de todos: del estudiante que va a clase, de la mujer embarazada, del adulto mayor que merece viajar con tranquilidad.
Sincelejo necesitaba este avance con urgencia. Es momento de valorar lo logrado, pero también de mantener una mirada crítica y constructiva. El “Corazón Verde” debe seguir latiendo con fuerza; de lo contrario, corremos el riesgo de regresar al caos de nuestras calles del que apenas comenzábamos a salir.