Como lo dice el juglar Alejandro Duran, en una canción que me causa nostalgia llamada El verano. Y que dice: “Vengo a decirles, compañeros míos, ¡llegó el verano! ¡Llegó el verano! Luego verán los árboles llorando, viendo rodar sus vestidos.
Ahora nos toca llorar; se fue el mes de enero muy caluroso y, como de costumbre, le echamos la culpa a otros por lo que pasa. El cambio climático, el fenómeno del Niño, es culpa de todos nosotros, que además de no ser conscientes del daño que le hacemos a la naturaleza y de ser insensibles, indiferentes, no hacemos nada para evitar el deterioro de esta. ¿O tú qué haces para no contaminar o dañar la naturaleza?
Este es el gran interrogante que nos debemos hacer en la soledad y en el silencio de cada uno de nosotros.
Qué pena que sea de esta forma tener que decirles que, en la costa atlántica, ya comenzaron los incendios, como es costumbre para estas fechas. Recuerden nada más que en el año 2023 hubo una declaración de desastre nacional por incendios que arrasaron más de 28000 hectáreas de tierra, en las que estaban desde nacimientos de agua, bosques, etc.
En su mayoría, los incendios forestales son provocados por la mano del hombre; no nos damos cuenta de que esto trae consecuencias no solo a los animales y a la vegetación, sino para nosotros mismos. Los animales, si se salvan del fuego, son desplazados a otras zonas que no son su hábitat; esto genera problemas con otras especies e incluso con las actividades del hombre. Se meterán en sus predios buscando comida, atacarán a sus especies domésticas y hasta a él mismo. Y el malo siempre será el animal desplazado.
Lo que digo, lo hago con conocimiento de causa porque mis vecinos de la ruralidad me lo cuentan. Personas inescrupulosas provocan el fuego en predios ajenos, con la excusa de sacar miel, sacar animales exóticos de sus madrigueras para comercializarlos. Pero estos personajes no se dan cuenta y ni siquiera dimensionan el daño que le hacen a la salud humana.
Ya va siendo el momento de hacer un alto en el camino y ponernos serios. Lo primero que se presentará es un incremento en la atención médica por consultas asociadas a problemas respiratorios e irritación de los ojos.
Pero lo más grave, y que muy poco se conoce, son aquellas personas que tienen enfermedades preexistentes.
La consecuencia es que se agravarán; esto incluye a los que tienen enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Muchas personas creerán que esto es un chiste o les causa gracia porque siempre lo han hecho. Les recuerdo que cuando hay quemas quedan suspendidas partículas en el ambiente, incluso con sustancias químicas; esto nos produce enfermedades.
El llamado a la sociedad es a prevenir y a las autoridades municipales, departamentales y nacionales, ambientales, de policía y de gestión del riesgo es a actuar desde la prevención. Si realmente tuviéramos vigilancia, seguimiento y control sobre estos temas, la historia sería otra.
Hoy necesitamos acciones conjuntas entre estas autoridades mencionadas, imponer multas, investigar penalmente, judicializar a los presuntos responsables y condenar a los contaminadores y a los que actúan en contra de la naturaleza; recuerden que hay delitos de ecocidios y tienen condenas a prisión y multas.
Año tras año, sucede lo mismo; acaso las autoridades tienen planes para realizar restauraciones en las zonas afectadas. No lo creo. Tenemos municipios en Colombia que ni siquiera tienen convenios con los cuerpos de bomberos voluntarios. Así es muy difícil enfrentar estas contingencias, que Dios nos libre.
Creo que nos llegó el momento de ponernos juiciosos, señores mandatarios y autoridades; actúen articuladamente; planeen mejor las actividades para prevenir las quemas, los incidentes; cómo los van a enfrentar. Con las autoridades ambientales, ¿cómo van a ejercer el control de arborización densa? ¿Cómo cuidar al bosque tropical?
Me llena de mucha nostalgia cuando estaba en primaria y bachillerato que nos tocaba prestar el servicio social obligatorio y hacían campañas ambientales. Recolección de residuos: nos ponían a recoger botellas de vidrio, colillas de cigarrillo. Lo hacíamos los sábados de 7 am hasta las 12 del mediodía; pasábamos felices, compartíamos con la familia, vecinos, amigos y nos acompañaban los militares y policiales que estaban en formación.
Aprendimos a respetar a la naturaleza y a respetar a las autoridades del estado porque confluían en un mismo propósito, que era evitar la contaminación. Cómo añoro esas épocas.
Pero bueno, este es el momento para retomar el rumbo; valdría la pena analizar esta sugerencia respetuosa, ya que nuestra salud está directamente relacionada con nuestro entorno ecológico.
Pensemos un poco en los que vienen, que les vamos a dejar un país destruido en su biodiversidad, enfermo.
Concluyo, invitando a la Procuraduría General de la Nación, a través de sus delegados en medio ambiente y sus procuradores territoriales, a que se interesen más en este asunto; a que hagan cumplir el ordenamiento jurídico.
Tienen las herramientas para que los mandatarios se preocupen un poco más sobre estos temas ambientales. Inicien acciones preventivas para saber qué están haciendo o qué van a hacer los sujetos que ustedes disciplinan.
Si no dan respuestas o son reacios a actuar, inicien procesos disciplinarios. Revisen en qué municipios se presenta esta situación calamitosa todos los años; esto no es impredecible.
No permitamos que se degrade cada día nuestros ecosistemas.
Manos a la obra.