Las violencias de Jorge Centanaro

En Sincelejo ya sabemos que cuando al concejal Jorge Centanaro se le acaban los argumentos, le sobran los gritos. Esta semana, durante un debate sobre el presupuesto municipal para el año 2026, el cabildante decidió que la mejor forma de respaldar a la administración era intentar silenciar a la única mujer independiente del Concejo, la concejala Milena Toro, llamándola “showsera” y acusándola de “hacer política mediática”.

Porque, claro, en el libreto del machismo político, una mujer que cuestiona con fuerza no está ejerciendo liderazgo: está “haciendo show”.

El concejal Centanaro, fiel a su estilo, parece olvidar que el Concejo no es una cantina ni un bar de esquina, donde el más bravo impone el tono de la conversación. Su actitud no solo fue una falta de respeto institucional, sino una muestra evidente de violencia política de género, esa que tantos hombres aún no reconocen porque creen que las mujeres deben “guardar la compostura” mientras ellos alzan la voz con total impunidad.

Paradójico, por decir lo menos, que quien intenta callar a una mujer que exige transparencia, tenga un historial tan… ruidoso. No olvidemos que hace unos años fue protagonista de un episodio bochornoso por agredir a un policía en estado de embriaguez mientras fungía como jefe de Cultura, una escena más propia de un despojo humano que de un funcionario público.

Y si de “shows” hablamos, habría que recordar otro capítulo digno de una serie sobre corrupción criolla. En una columna de El Universal se señala que, en 2016, se presentó ante la Contraloría General de la Nación una denuncia por presuntas irregularidades en contratación pública. El caso: la E.S.E. “Unidad San Francisco de Asís” de Sincelejo arrendó un inmueble, lo remodeló y luego lo vendió a Centanaro por unos $700 millones. Seis meses después, el concejal lo revendió por cerca de $1.360 millones… a la misma entidad.

El argumento fue que la E.S.E. no tenía en ese momento disponibilidad presupuestal para la compra. El resultado: un negocio redondo para él y un golpe a la confianza pública. Pero, claro, hablar de esos “detallitos” sí que sería un verdadero show, ¿no?

Y como si fuera poco, la Procuraduría General de la Nación ha ordenado recientemente la reapertura de procesos disciplinarios contra varios concejales de Sincelejo, entre ellos quienes participaron en la elección de la contralora municipal. Un contexto que no lo deja precisamente como ejemplo de transparencia. Mientras unos intentan encubrir la verdad con discursos altisonantes, otros, como Milena Toro, insisten en sacarla a la luz, y eso es lo que realmente incomoda.

Con ese prontuario, Centanaro debería ser el último en hablar de “shows mediáticos”. Pero ya sabemos cómo opera la politiquería: los que no soportan ser interpelados por mujeres preparadas, valientes y fiscalizadoras, intentan convertirlas en blanco de burlas y descalificaciones.

Lo que Milena Toro hizo fue ejercer su deber; lo que Centanaro hizo fue retratarse. Y vaya si lo logró: un concejal que confunde el control político con una pelea de gallos, y la deliberación con un monólogo donde solo su ego tiene la palabra.

Mientras tanto, la ciudadanía esa que paga impuestos y espera respuestas ve con claridad que también las “violencias” no siempre ocurren en las calles: a veces se cometen desde un micrófono, con credencial y espejo en mano.

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