La violencia política es una de las heridas más dolorosas de nuestra democracia. Cuando un candidato es víctima de un atentado, no solo se agrede a una persona: se intenta silenciar la voz de una comunidad que quiere ser escuchada. El reciente atentado contra Gerardo Ruiz, candidato a la Cámara por la Circunscripción Especial de Paz de los Montes de María, es un hecho que debe alarmarnos profundamente. Nada justifica que en pleno proceso electoral se intente intimidar o eliminar al contradictor político.
Colombia ha sufrido demasiado por la violencia para permitir que esta vuelva a convertirse en herramienta de la política. Los territorios que han padecido el conflicto, como los Montes de María, merecen que la democracia se exprese en las urnas y no en las balas. Atentar contra un candidato que recorre las comunidades, escucha a la gente y propone una representación distinta es un mensaje peligroso que busca sembrar miedo entre quienes creen en el cambio.
Sin embargo, la esperanza también se abre camino. En medio de este panorama aparecen nuevos liderazgos que representan una renovación en la política regional.
Nombres como Rodrigo Ramírez y Cristian Arias encarnan la posibilidad de una generación que quiere hacer política de otra manera, más cercana a la gente y menos atada a los viejos poderes que durante años han controlado la representación del departamento, este no debería ser el espacio para algo urgente y necesario, pedir el voto para romper las cadenas de la esclavitud política, me atrevo a hacerlo porque la crisis que atraviesa Sucre, obliga a de cualquier modo intentar concretar el cambio, hay otros nombres respetables pero que representan más de lo mismo, por eso sin temor alguno vote, vote bien, vote por quien menos le suene porque seguramente ese no ha invertido grandes cantidades de dinero que ademas es de los impuestos.
Hoy Sucre enfrenta una decisión importante. Seguir apostando por los mismos de siempre, representados en proyectos políticos que han tenido la oportunidad de gobernar y representar durante años, o abrir las puertas a nuevas voces que vienen desde los territorios. La democracia se fortalece cuando la ciudadanía se atreve a cambiar.
Por eso, más allá del miedo que pretenden imponer algunos sectores, el mensaje debe ser claro: la violencia no puede decidir el rumbo de nuestras elecciones. La respuesta debe ser más participación, más votos y más compromiso ciudadano. Los Montes de María y el departamento de Sucre necesitan representantes que defiendan a la gente y no a los clanes políticos.
El atentado contra Gerardo Ruiz no debe ser visto como un hecho aislado, sino como un recordatorio de lo que está en juego. La democracia se defiende participando, eligiendo con conciencia y apostándole a quienes representan un verdadero cambio. Hoy más que nunca, la política debe ser un escenario de ideas, no de violencia.