Hechos insólitos han pasado en la alcaldia de San Onofre, una vez quemaron documentos al estilo Hitler para desparecer “pruebas” y ahora se pierde el libro donde se radican y se asignan los sériales de la comunicación, lo anecdótico es que se menciona un nombre que por casualidades su presencia física y poder en la alcaldia han estado en ambos hechos por supuesto levanta sospecha y suspicacia, la insistencia en lo incorrecto raya en lo delictivo, sigue el tire y afloje
San Onofre , vive hoy una de sus crisis institucionales más delicadas. La suspensión del transporte escolar y del Programa de Alimentación Escolar (PAE) ha dejado sin garantías básicas a más de 3.900 niños y jóvenes del municipio, truncando su derecho a la educación en condiciones dignas. A este drama social se suma ahora un episodio que raya en lo insólito: la desaparición de un libro oficial bajo custodia de la oficina de archivos de la Alcaldía.
Lo ocurrido con la educación no es un simple tropiezo administrativo: es la muestra palpable de lo que significa gobernar desde la soberbia y la improvisación. La Alcaldía prefirió culpar al Concejo Municipal por no aprobar un proyecto de traslado presupuestal mal estructurado, antes que asumir su propia responsabilidad en la falta de planeación. El resultado es claro: niños sin transporte, estudiantes sin alimentación escolar y comunidades enteras que sienten que se les da la espalda.
El Concejo actuó con responsabilidad al exigir claridad y legalidad. Defender la transparencia no es un capricho político, es un deber con la ciudadanía. Si algo necesita San Onofre es que los recursos públicos se manejen con rigor, no con atajos que abren la puerta a la corrupción y al despilfarro.
A este panorama se suma ahora la declaración de la jefa de archivos de la Alcaldía, Julia Esther Berrío Julio, quien informó al Concejo que el libro radicador prueba reina de que el trámite establecido por la ley si se cumplió y que la administración miente, desapareció misteriosamente de la primera gaveta de su escritorio.
Un hecho así no solo genera sospechas, sino que revela el desorden institucional con el que se está manejando la administración municipal. Cuando los documentos públicos se “pierden”, la confianza ciudadana se resquebraja y la democracia local queda en entredicho.
La soberbia se convierte entonces en el peor indicador de una administración: incapaz de reconocer errores, empeñada en culpar a otros, y dispuesta a tapar la falta de planeación con discursos vacíos. Pero la realidad se impone: miles de niños necesitan transporte para llegar a sus escuelas y alimentación para poder aprender. Eso no se resuelve frunciendo el seño frente a las cámaras ni con acusaciones cruzadas, sino con gestión seria, planeación y respeto por la ley.
Hoy San Onofre requiere humildad política. Humildad para reconocer que se falló en la planeación. Humildad para sentarse a dialogar con el Concejo y construir soluciones conjuntas. Humildad para entender que los niños no pueden ser rehenes de un pulso político que solo agrava la pobreza y la desigualdad en el municipio.
La verdadera grandeza de un gobernante se mide por su capacidad de escuchar, corregir y actuar con responsabilidad. San Onofre no necesita más improvisación ni soberbia: necesita soluciones urgentes, transparentes y sostenibles para garantizar que la educación siga siendo un derecho, no un privilegio.
La soberbia es la reina de la improvisación.