La Soberbia de Vicky

Si algo tiene el ejercicio político es la capacidad de dañarte, bien sea por el enemigo exterior o por el enemigo que creas en tu interior. La política es el arte de cuidarse de los amigos, afirmaba Gilberto Alzate Avendaño, de opositores y demás próximos deberás prevenirte; como si fuera poco, debes vacunarte de la semilla que se siembra en tu ser y que carcome las virtudes desde adentro alimentando el ego, las ansias de poder o el poder mismo, mejor dicho, de la soberbia.

Precisamente es lo que muestra la candidata Vicky Dávila, que cada día más apartada de su carrera por la presidencia de la República con el único propósito de enfilarse contra el candidato Abelardo De La Espriella. Queda muy poco de esa aspirante elocuente, que por un momento tuvo la capacidad mostrar a los colombianos el nefasto gobierno de Gustavo Petro y su entramado de corrupción. La candidata esta desenfocada.

La postulante presidencial que puso en jaque al presidente con sus informes contundentes sobre las circunstancias de modo tiempo y lugar de la estructura criminal que lo circunda; que otorgaban méritos para llevar las banderas de oposición, ya no existe, se esfumó. Ahora, le asiste un único propósito: no ver ganador al tigre.

Vicky Dávila no ha necesitado del enemigo externo, pues su propia soberbia la está destruyendo a ella y sus aspiraciones. No ha podido soportar que el candidato De La Espriella lidere la intención de votos de la derecha y su candidatura se desvanezca, se volvió intolerante al silencio de su contrincante que no responde a sus ataques, inclusive, ha cruzado la línea ética con comentarios insinuantes cargados de falacias temporales que ella misma conoce.

Vicky ha perdido la razón, al punto de desconocer la funcionalidad de la profesión de abogado, su sesgo la hace ignorar la constitución y la ley. Al paso que va, será difícil llegar a primera vuelta y su resignación radicará en unirse al candidato Sergio Fajardo. Desde su labor periodística seguirá en las mismas, con todo su armamento frente al Defensor de la Patria.

El problema radica en su obsesión por derrotar a Abelardo De La Espriella y no descansará, de hecho, olvidó que el enemigo por vencer es el nefasto gobierno de Gustavo Petro y su horda. Está ciega por la soberbia sin entender su descenso en las encuestas frente al aumento de El Tigre, perdió conexión con el votante que pide a gritos la presencia de un Outsider decidido en la Casa de Nariño.

La candidata luce amargada, casi no sonríe, habla con desdén y está envejeciendo. Quienes aún creemos que es una valiosa mujer, nos sorprende ver a una persona consumirse en el ejercicio político.

Esa es la política, mi querida Vicky, para entrar en su mundo debes tener sangre fría, cuero duro, de lo contrario, llegarás debilitada a un nido de hienas o verás como desde lo más profundo de tu ser, la soberbia te destruye.

 

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