La seguridad ciudadana no puede convertirse en una plataforma de promoción política, ni el dolor de las víctimas puede utilizarse como combustible para alimentar aspiraciones electorales. En Sucre, En este caso me referiré a la seguridad rural, al muy mal momento que vive en ese tema el gremio ganadero de la región caribe, pero en especial en Sucre, donde el abigeato se ha convertido en una seria amenaza para el patrimonio de los ganaderos y la tranquilidad de las comunidades rurales, resulta necesario hacer algunas reflexiones, especialmente frente a ciertos protagonismos políticos que, de repente, parecen haber descubierto las angustias de un gremio que lleva años reclamando atención.
Es innegable el trabajo que viene adelantando el Ejército y la Infantería de marina, pero hoy me referiré al excelente trabajo de la Policía Nacional, particularmente la Seccional de Investigación Criminal (SIJÍN), en la identificación y captura de presuntos integrantes de estructuras dedicadas al abigeato. Sin embargo, lo ocurrido recientemente, cuando varios capturados recuperaron su libertad en medio de cuestionamientos sobre decisiones y procedimientos judiciales, produjo indignación entre las víctimas y dejó nuevamente en evidencia la necesidad de fortalecer la articulación entre investigación, Fiscalía y administración de justicia.
Posteriormente se produjo la recaptura de cuatro de los ocho presuntos integrantes de esta estructura criminal. Es importante insistir en el término presuntos, porque la presunción de inocencia es una garantía constitucional que debe respetarse. Pero también es legítimo exigir que las investigaciones avancen, que las víctimas sean escuchadas y que quienes resulten responsables respondan ante la justicia.
Ahora bien, hay otro asunto que merece nuestra atención: la repentina politización de la seguridad en Sucre.
A una reunión que fueron convocados los ganaderos en un municipio de Sucre para socializar la estrategia de Seguridad y Apoyo al Gremio Ganadero (SAGG), se presentó un dirigente político de un partido tradicional que, mediante una intervención bastante histriónica y que no estaba en el orden del día, pareció asumir de repente la condición de principal doliente de los ganaderos afectados por el abigeato. Posteriormente recibí en mi teléfono personal, a través de WhatsApp, un video en el que también se hacía evidente ese protagonismo.
Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿por qué ahora?
¿Dónde estaba esa solidaridad cuando durante años los ganaderos de distintos municipios de Sucre denunciaban el robo de sus animales, el carneo en sus predios, las amenazas y las pérdidas económicas? ¿Dónde estaban esas intervenciones cuando las víctimas reclamaban acompañamiento institucional y exigían resultados? Personalmente, no recuerdo haberlo visto con semejante entusiasmo ni haber escuchado entonces esas voces tan vehementes.
Qué coincidencia que semejante sensibilidad aparezca precisamente cuando comienza a calentarse el ambiente electoral y algunos empiezan a buscar espacios de protagonismo frente a sectores productivos que merecen respeto, no utilización política.
La seguridad no tiene color partidista. En el caso del abigeato, el cuatrero no pregunta por quién vota el ganadero antes de entrar a una finca. Las organizaciones criminales no distinguen entre simpatizantes de un partido u otro. Por eso resulta inaceptable que una problemática tan delicada termine convertida en escenario para discursos oportunistas.
Una cosa es acompañar legítimamente a las víctimas, exigir resultados y contribuir a las soluciones; otra muy distinta es aparecer cuando las circunstancias ofrecen réditos políticos para hacer el video. Los ganaderos no necesitan padrinos electorales ni discursos de ocasión. Necesitan protección, investigación criminal, judicialización efectiva y presencia permanente de la Fuerza Pública.
En contraste y en un muy diferente contexto observamos una orientación del Ejecutivo nacional encabezado por Abelardo de la Espriella que ha puesto el restablecimiento de la autoridad y la seguridad como asuntos centrales de gobierno. Una diferencia de enfoque que merece observarse frente a los años anteriores, cuando muchos ciudadanos sintieron que la autoridad del Estado estaba debilitada.
Y aquí aparece otra inquietud: ¿será que algunos de quienes hoy se presentan como defensores de la seguridad apenas están descubriendo las banderas de Defensores de la Patria? Yo también los vi en reuniones de campaña. Vi entusiasmo, discursos, muchos buñuelos y no pocos fariseos. La memoria ciudadana, sin embargo, no debería ser tan corta.
La política debe contribuir a la seguridad, pero jamás instrumentalizarla. El gremio ganadero necesita aliados permanentes, no visitantes de temporada electoral. La lucha contra el abigeato requiere continuidad, compromiso institucional y resultados judiciales, no fotografías ni actuaciones para las redes sociales. Y cierro con una pregunta que no necesita nombres propios, porque seguramente sus destinatarios saben perfectamente a quiénes me refiero:
¿La solidaridad con los ganaderos y la preocupación por la seguridad de Sucre nacieron de una verdadera convicción de servicio o aparecieron justo cuando comenzaron a asomarse las oportunidades electorales?
Ellos saben quiénes son. ¿Sí o no? La seguridad no tiene dueño, es un compromiso de todos; pero lo que menos le hace falta es politiqueros en campaña.