La sed de Sincelejo y el silencio que preocupa

En Sincelejo, la escasez de agua dejó de ser una coyuntura pasajera para convertirse en una crisis estructural que golpea de manera brutal a miles de familias. Lo más indignante no es solamente la falta del recurso, sino el silencio sepulcral de la administración municipal, que parece más preocupada por cuidar los intereses de las empresas prestadoras del servicio Empas y Veolia que por garantizar el derecho fundamental al agua de la ciudadanía.

¿Para qué sirven las empresas mencionadas, si en la práctica, la gente sigue levantándose cada mañana sin agua para preparar sus alimentos, asear a sus hijos o limpiar sus hogares? El agua es vida, y en Sincelejo esa vida se está evaporando bajo la complicidad de una administración que se excusa, se demora y calla. Mientras tanto, el pueblo aguanta.

La administración municipal parece olvidar que el agua no es un lujo ni una mercancía para engordar bolsillos privados. Es un derecho humano reconocido internacionalmente y amparado por la Constitución. No obstante, lo que vemos es una gestión negligente, incapaz de enfrentar una emergencia, y más triste resulta que, en lugar de soluciones, ofrecen excusas técnicas, planes futuros o la salida fácil de los carrotanques.

Los carrotanques, además de ser un paliativo costoso e ineficiente, se convierten en una excusa perfecta para justificar el gasto público en contratos improvisados. Es decir, mientras la ciudadanía sufre sed y desesperación, unos pocos se enriquecen del erario bajo la bandera de una “emergencia”. ¿Cuánto dinero se están gastando en esta medida temporal que no soluciona el problema?

Lo cierto es que la ciudad necesita un plan de contingencia real, transparente y con rendición de cuentas claras. No basta con mandar carrotanques a cuentagotas ni mucho menos con discursos vacíos. Se requiere garantizar agua potable en la red de distribución, invertir en infraestructura adecuada y auditar de manera seria la actuación de las empresas prestadoras.

El silencio de la alcaldía frente a la crisis no solo es sospechoso, es indignante. ¿Por qué la administración no convoca a la ciudadanía? ¿Cuál es el silencio? El pueblo tiene derecho a saber: ¿qué esconden?, ¿por qué no se restablece el servicio?, ¿quién se beneficia del silencio institucional y de la precariedad en la que nos obligan a vivir? La sed del pueblo no puede esperar y la paciencia ya se agotó.

Hoy más que nunca, es la ciudadanía organizada la que debe alzar la voz. Los barrios, los líderes comunitarios, las juntas de acción comunal y cada familia deben unirse para exigir lo que por derecho nos corresponde: agua para vivir. Si la administración calla y las empresas se burlan de la necesidad, que hable el pueblo en las calles, en los medios y en todos los escenarios posibles. Porque cuando la sed golpea a todos, la movilización es el único camino para que la dignidad triunfe sobre la indiferencia.

¡Sin agua no hay vida, sin vida no hay gobierno!

La historia nos ha demostrado que cuando los gobernantes callan, los pueblos deben alzar la voz. Y hoy, Sincelejo necesita de su gente, de su fuerza colectiva y de su dignidad para exigir lo que por derecho les corresponde. No se trata de mendigar agua; se trata de defender la vida.

Por eso esta columna es también un llamado a la indignación activa. A no conformarse con la resignación que algunos pretenden sembrar. A no aceptar que la solución sea esperar a que llegue un carrotanque como si fuera un regalo, cuando en realidad es un derecho.

Sincelejo tiene sed. Pero más sed tiene de justicia, de verdad y de gobiernos que respondan con hechos y no con excusas. La movilización ciudadana es el único camino para romper la indiferencia de quienes hoy gobiernan de espaldas al pueblo.

COMPARTIR
COMPARTIR
COMPARTIR

Más Columnas

Imagen de Perfil

¿Nos ha robado algo la IA? El piano de cola y el músico.

Imagen de Perfil

¡Chengue, el día que el horror rompió el silencio!

Imagen de Perfil

El otro Petro

Imagen de Perfil

La Política es dinámica

Imagen de Perfil

Corralejas en riesgo

Imagen de Perfil

Violencia, microtráfico y territorio (Sincelejo y Sucre)