La Nueva Pandemia.

La pandemia del Covid-19 dejó un déficit fiscal sin precedentes en la historia de Colombia, 7,8% del Producto Interno Bruto para el año 2020 y 7,0% del PIB para el año 2021.

Comportamiento lógico, como quiera que enfrentabas una de las peores crisis en la historia de la humanidad. Lo que no tiene presentación alguna es que, para el cierre de 2024, se estimen cifras similares en las finanzas públicas o, inclusive, peores.

El déficit fiscal representa el gasto excesivo del gobierno frente al recaudo efectivo; en términos más castizos, es una nueva deuda, ya que todos los ingresos que alcanzaste a recibir efectivamente no alcanzaron a cubrir los compromisos que el Estado asumió. Eso significa obligaciones por cumplir que carecen de financiación.

Mientras el mundo se encontraba en confinamiento por la pandemia, la economía se paralizó. Congeladas las transacciones comerciales, no se generan ingresos; por tanto, las empresas reducen su margen de utilidad o van a pérdidas. En efecto, se reducen impuestos por pagar y, por ende, el recaudo del Estado.

El gobierno del cambio, con sus políticas del progresismo económico, comienza a tener los efectos negativos en las finanzas públicas. Para el año 2024, se estima que el déficit fiscal alcanzará índices solo vistos en la pandemia, llegando al 6,8% del PIB; es más, sin los subsidios a la gasolina, estaría rondando el 8,3% del PIB.

Es decir, que el presidente Gustavo Petro sería peor que una pandemia si de efectos negativos en las finanzas públicas se trata. Natural en el progresismo.

Es que las políticas públicas que aplica el gobierno no son más que las mismas que han llevado a países como Venezuela y Argentina a su máxima debacle económica: gasto excesivo, aumentos de las cargas impositivas, la creación de nueva burocracia como ministerios, consulados y embajadas, la consecución de programas sociales para, literalmente, regalar plata.

Lo único que le falta al presidente, en comparación con los países mencionados, es encender la maquinita de imprimir billetes para cubrir el gasto público exagerado.

Esta nueva pandemia está arrasando con todo lo que se topa en su camino: el sector de la construcción se queda sin el programa de Mi Casa Ya; el ICETEX está desfinanciado, siendo la educación uno de los programas banderas del gobierno; la inversión extranjera es inferior a las remesas; el acceso a la salud se ha convertido en la principal preocupación de los colombianos, muy por encima de la inseguridad y la corrupción.

El gobierno del cambio resultó un fiasco; no existe un solo sector que pueda mostrar resultados positivos, al punto de aplicar actualmente un estado de excepción para atender el fracaso de la paz total.

La gran preocupación que tenemos los colombianos no es que el gobierno termine en año y medio, más bien cuánto nos costará recuperarnos de esta nueva pandemia.

 

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