La mojana y el san Jorge no tiene quien les escriba

La ilusión no se come —dijo ella.
“No se come, pero alimenta”, replicó el coronel.

Jamás pensó Gabo que, más allá de su magnánima imaginación, fuese a trascender tan peculiar frase y sí que ha trascendido, puesto que al día de hoy las tesis del éxito político en nuestro departamento se sustentan precisamente en alimentar de manera exagerada con vanas ilusiones las pretensiones de un pueblo necesitado en demasía.

La Mojana y el San Jorge conocen de necesidades y cualquiera que la haya transitado, incluso en sus vías principales, se hace testigo de las condiciones precarias de subsistencia de sus habitantes. Prueba fehaciente de ello son los centenares de personas que habitan en la carretera que conduce de San Marcos a Majagual, que, a cual situación macondiana, hacen incluso sus necesidades fisiológicas allí.

No se pretende en este artículo plasmar un análisis complejo de las causas de la situación de estas subregiones de nuestro departamento, pero sin duda alguna, al hablar de la Mojana y el San Jorge de hoy, es imposible hacerlo sin hablar de las inundaciones provocadas por el rompimiento de Cara e’ gato y no menos importante de la imposibilidad de desplazamiento terrestre de los habitantes del municipio de Sucre (Sucre), condenados por la desidia política a vivir en una isla que paradójicamente no está rodeada de agua.

Y es que la situación se dibuja trágica para este 2025. Atendiendo a los pronósticos referentes al fenómeno de “La Niña, es muy probable que el caudal del río Cauca oscile en los 3000 metros cúbicos por segundo. Se resalta que en la crisis ocasionada por las inundaciones en 2024 el caudal del Cauca era de aproximadamente 2000 metros cúbicos por segundo. Siendo así,la existencia de La Mojana y el San Jorge tal y como los conocemos está a puertas de cambiar drásticamente.

Esta situación puede retrotraernos a la efectividad de los contratos que en otrora fueron ejecutados para evitar el desastre que se puede avecinar; sin embargo, cualquier acción al respecto no sumará a la solución actual que demandan los miles de habitantes de estos municipios, sin que esto signifique que no se deba perseguir con las acciones legales pertinentes cualquier asomo de ilegalidad o ilícitud en la ejecución de estos contratos.

La incapacidad económica del departamento para afrontar esta calamidad es obvia y quizá tal y como expresó el coronel:

“Lo peor de la mala situación es que lo obliga a uno a decir mentiras”.

Y es precisamente lo que ha venido ocurriendo con la situación de este territorio, una zarza de ilusiones y mentiras que a la larga no soluciona un ápice de las necesidades de esta región. Es menester que se le empiece a cumplir a la Mojana y al San Jorge, que deje de ser visto como un cúmulo de votos con piernas y que, en virtud de las infinitas necesidades y la basta pobreza, ven en las promesas políticas su única opción de mejora.

No quisiera concluir que precisamente la existencia de estas necesidades y la pobreza de la región deben subsistir para que siga apareciendo en urnas la famélica votación.

Y es que, al igual que el coronel que día a día se desplazaba a la oficina del correo a escuchar la desgarradora frase “Nada para el coronel”, los Mojaneros y los del San Jorge sienten el desaliento de estar hartos de ilusiones.

Ahora, tan desastrosamente importante es el exceso de agua en estas regiones como la ausencia de asfalto en el municipio de Sucre (Sucre). Al parecer, la clase política que rige el destino del departamento pretende profusamente replicar en este municipio la idea del Macondo de Gabo:

Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”.

Con extrañeza alarmante y casi con certeza de que existe desidia administrativa en relación a la mejora de 4 kilómetros de la vía que conduce del corregimiento de San José al casco urbano del municipio de Sucre, que serían los primeros de 56 kilómetros y que por lo menos generaría la tan explotada sensación de ilusión de  que algún día los habitantes del municipio se conectarían via terrestre con el resto de la humanidad, la misma debió entregarse en primera instancia en marzo de 2023 y  posteriormente se aplazó la entrega para el mes de julio del 2024, a los corrientes aún no existe tal entrega,  la idea del pueblo en medio de la nada y sin conexión con el mundo no solo subsiste en la imaginación de Gabo, nuestra clase política se empeña por superar el realismo mágico y también nos ofrece nuestro propio Macondo.

—Hay que esperar el turno —dijo—. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés”.

Y sin posibilidad de equivocaciones, a Sucre (Sucre), al igual que al coronel, le seguirá tocando esperar su turno, pero mientras lo esperan tendrán que seguir ingeniándoselas para que los campesinos puedan llegar a sus lugares de votaciones cada 4 años; a la larga eso es lo que parece importar. Al fin y al cabo, son las necesidades las que sacian las ansias de poder.

Y solo hemos puesto de presente 4 kilómetros de 56…

Solo espero que al final de la historia, al igual que la esposa del coronel, no nos condenen a comer lo mismo que a ella… ¿Continuará?

“Y mientras tanto qué comemos”, preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía.
—Dime, ¿qué comemos?
El coronel necesitó setenta y cinco años —los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto— para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible en el momento de responder:
—Mierda.

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