La libertad de Álvaro García

Álvaro García Romero nació en Ovejas, Sucre, y creció en fincas ganaderas de su familia. Nunca imaginó que terminaría dedicado de lleno a la política. Sin embargo, hizo todo el recorrido que se espera de un político tradicional: fue concejal de Sincelejo, diputado de la Asamblea de Sucre y representante a la Cámara.

Durante años fue aliado del exsenador Gustavo Dajer Chadid. En varias campañas hicieron fórmula política: García iba a la Cámara y Dajer al Senado, apoyados por el poder mediático de Radio Chacurí, emisora clave en la región.

Álvaro García siempre fue indisciplinado, pero poseía un carisma natural que le abría puertas entre comunidades y líderes locales. No le gustaba tener jefe, pero quería tener poder. Por eso se separó del movimiento Moral, dirigido por Dajer Chadid, y fundó su propia emisora radial, con la que logró gran influencia política.

Se hizo célebre entre los políticos sucreños por su sagacidad. Para él, lo importante era ganar elecciones “al costo que fuera”. Lo apodaron “el dueño de la Registraduría”, porque no se retiraba hasta que contaran el último voto. Ayudó a elegir gobernadores como Édgar Martínez Romero, Éric Morris, Salvador Arana —hoy con casa por cárcel—, Jorge Anaya y Jorge Barraza, actualmente preso en La Picota.

García era desprendido con el dinero y cultivaba aliados con generosidad. Sus rivales lo temían: pertenecía al poderoso clan García. En una ocasión, ante las cámaras de Caracol y RCN, fue sorprendido votando más de una vez en el Senado.

Con el estallido de la parapolítica, varios de sus protegidos fueron vinculados con grupos paramilitares. El propio García fue condenado a 40 años de prisión por su presunta participación en la masacre de Macayepo, en los Montes de María. Todo surgió tras los debates liderados por Gustavo Petro, entonces senador, quien lo señaló de apoyar a los paramilitares. García, que rara vez hablaba en el Congreso, tomó la palabra una vez en estado de embriaguez y pronunció un discurso incoherente que no ayudó a su defensa.

La Corte Suprema de Justicia lo dejó en libertad recientemente. En Sincelejo y en todo Sucre, su regreso genera expectativas. Sus amigos y líderes cercanos creen que volverá a la política, su gran pasión, aunque no descartan que prefiera retirarse a Cartagena junto a sus hermanos.

Sus antiguos competidores ya no están en escena: Julio César Guerra Tulena, del clan rival, murió; Gustavo Dajer Chadid también falleció; y Carlos Martínez Simahan, a sus 85 años, está retirado. La política sucreña se quedó sin relevo generacional.

Con la libertad de Álvaro García, Sucre podría ver reconfigurado su panorama político. Pero el departamento necesita nuevos liderazgos capaces de gobernar con honestidad y visión, y no parece haber figuras listas para llenar ese vacío. Porque, aunque los años no pasan en vano, la política local parece condenada a repetir los mismos apellidos.

 

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