Lastimosamente, esta derecha recalcitrante que se cree dueña del país no se ha percatado de que ha quedado en evidencia. ¿Qué han hecho realmente por el pueblo durante tantas décadas en el poder? Solo pensaron en ellos mismos, en sus intereses, en conservar sus privilegios.
La aparición del presidente Gustavo Petro representó un impacto profundo y doloroso para ese sector. Se les acabó el reinado. Desde entonces, iniciaron con todos sus medios una oposición mediática y sistemática. Como en Fuenteovejuna, todos a una: Caracol Radio y Televisión, RCN Radio y Televisión, La W Radio, El Tiempo y El Colombiano —entre otros— se unieron para no dejar gobernar a un presidente que ganó las elecciones en franca lid democrática.
Un Congreso corrupto, dispuesto a bloquear todo proyecto de ley presentado por el Gobierno, ha sido otro obstáculo constante. Sin embargo, el presidente está por culminar su periodo dejando huellas imborrables en la historia de este país. El pueblo ha despertado, y sabrá que lo que más le conviene es no permitir el regreso de quienes repiten las mismas fórmulas con las que siempre han gobernado.
La gente es consciente de los aciertos y errores del presidente, pero también entiende que Colombia no puede volver al pasado. Por el contrario, con la experiencia de estos cuatro años de un gobierno de izquierda, han salido a la luz las profundas grietas que dejó la derecha. No se pueden repetir.
Quienes llenaron las calles de Bogotá y la Plaza de Bolívar saben que el país va por el camino correcto. El reto ahora es elegir un Congreso verdaderamente comprometido con el desarrollo y el bienestar colectivo. No es posible que un senador gane más de 45 millones de pesos mensuales para ocupar una curul sin demostrar esfuerzo ni compromiso con la comunidad.
Colombia necesita líderes capaces de impulsar la reforma agraria y no perder de vista al campesinado y la zona rural. Los tiempos han cambiado, y solo los políticos realmente comprometidos con la calidad de vida de los ciudadanos merecen habitar la Casa de Nariño.
Resulta irónico ver a los expresidentes Andrés Pastrana, César Gaviria y Álvaro Uribe reunidos “para salvar a Colombia”. ¿De qué la van a salvar? ¿Acaso no tuvieron ya la oportunidad de hacerlo? Este país solo necesita que lo quieran y que trabajen por él con verdadera vocación política.
Basta ya de engaños y egos inflados. El cambio es posible, aunque para algunos sea difícil de aceptar. Si no son capaces de hacerlo, que permitan que lo hagan otros.
Porque, al final, la derecha solo piensa en la derecha.