Lo que está ocurriendo en Sincelejo bajo la administración de Yahir Acuña es más que una reestructuración administrativa: es una masacre laboral disfrazada de eficiencia fiscal.
Con el argumento de “ahorrar” recursos y sanear el déficit, se han suprimido cargos y dejado a decenas de trabajadores sin empleo, sin mayor explicación ni garantía de protección social. Esta política de recorte exprés ha sembrado angustia y desamparo entre familias que dependían de esos salarios, afectando de manera directa la dignidad laboral de funcionarios que durante años sostuvieron el funcionamiento del municipio.
De especial gravedad reviste la decisión de reducir la Secretaría de Cultura a una mera dirección. Esta medida, más que una simplificación institucional, es un retroceso profundo en el reconocimiento de la cultura como un eje estratégico del desarrollo y construcción de ciudadanías con identidad.
Sincelejo no solo pierde una estructura administrativa: pierde memoria, pierde identidad, pierde futuro. Convertir la cultura en una dirección subordinada es desconocer la diversidad, la creación artística, las voces comunitarias y el tejido simbólico de una ciudad que, aunque golpeada por la desigualdad, ha encontrado en la cultura un lenguaje de resistencia y vida.
Resulta especialmente doloroso constatar que todo esto ocurre después de que miles de sincelejanos depositaran su confianza en Yahir Acuña, con una esperanza genuina de cambio.
La gente lo eligió con la ilusión de ver un gobierno comprometido con el bienestar colectivo, el desarrollo local y la justicia social. Se soñó con empleo digno, cultura fortalecida y una administración moderna y humana. Sin embargo, la realidad ha sido profundamente decepcionante. Hoy, en vez de avanzar, Sincelejo presencia una gestión insensible, autoritaria y desconectada del sentir popular. La ilusión se ha convertido en frustración, y la esperanza, en un profundo sentimiento de traición.
No podemos quedarnos callados. Este no es un ajuste: es un desmonte. Y lo que se desmantela no es solo la planta de personal, sino la posibilidad de construir una ciudad incluyente, con oportunidades y respeto por el trabajo digno. Hacemos un llamado a la ciudadanía, a los sindicatos, a los artistas y gestores culturales, a pronunciarse y resistir. Sincelejo no puede permitir que la política del recorte se imponga sobre el derecho al trabajo, a la cultura y a una administración pública humana.
La dignidad no es negociable.
Remedo de dictadura.