La crisis de la radio en Colombia.

Durante décadas, la radio colombiana fue un referente en América Latina por su organización, creatividad y por contar con algunas de las voces más reconocidas del continente.

Locutores emblemáticos y una generación de periodistas apasionados convirtieron nuestras emisoras en escuelas vivas de información y entretenimiento. Sin embargo, el tiempo no perdona, y los cambios tecnológicos, empresariales y culturales han conducido a una crisis profunda que amenaza con extinguir ese legado.

La venta de Caracol Radio al Grupo Prisa de España fue, para muchos, el punto de quiebre.

En lo personal, sentí preocupación al imaginar que el estilo tradicional de nuestra radio sería alterado. Y así fue: comenzaron a desaparecer figuras como Juan Harvey Caicedo, y se desplazó a muchos otros a un segundo plano.

La esencia de la locución fue cediendo espacio a formatos más noticiosos y a una dinámica de inmediatez que restó profundidad.

No se puede negar el éxito de formatos como el de 6 a.m. – 9 a.m., creado por Yamit Amat, quien supo identificar el pulso del oyente moderno y darle protagonismo a periodistas que redactaban e improvisaban la noticia en tiempo real.

Fue allí donde emergió Juan Gossaín, quien luego, tentado por RCN, consolidó una época dorada para la radio informativa. Escuchar a Gossaín, rodeado de un equipo de altura, era sinónimo de rigor, sagacidad y estilo.

Al mismo tiempo, la radio deportiva vivía su propio esplendor con narradores y comentaristas que hicieron historia: Pastor Londoño, Édgar Perea, Paché Andrade, Rafael Araujo Gámez, Hernán Peláez, Óscar Rentería, Mario Alfonso Escobar, Jaime Ortiz Alvear y Adolfo Pérez, entre muchos otros. Las transmisiones de los mundiales de fútbol, los Juegos Olímpicos y el ciclismo vibraban en el corazón de los oyentes.

La Frecuencia Modulada (FM) también creció con fuerza, ofreciendo baladas, salsa y música tropical que acompañaban la cotidianidad de millones. Aquellos años quedaron en la memoria como un tiempo glorioso e irrepetible.

Hoy, sin embargo, asistimos a una crisis alarmante. RCN ha apagado frecuencias en distintas regiones del país. Caracol Radio, por su parte, ha comenzado a entregar emisoras que tenía en arrendamiento, lo que evidencia una contracción del modelo tradicional.

Al mismo tiempo, muchas frecuencias han sido adquiridas por iglesias evangélicas para expandir su mensaje religioso. El pastor Eduardo Cañas, por ejemplo, lidera una cadena de emisoras cristianas en FM. Pero lo más desconcertante ha sido la desaparición casi total del Circuito Todelar de Colombia.

En estos momentos, el histórico Radiocentro Todelar en Cali —donde operaron emisoras como Radio Musical, La Voz del Valle, Radio Sonorama y Radio Eco— está siendo ofrecido en arriendo. Varias de estas emisoras, arrendadas a terceros, hoy mezclan música con programas de brujería.

Es doloroso decirlo, pero estamos frente a una crisis de identidad en la radio colombiana. Y si bien los hábitos de consumo han cambiado y las plataformas digitales ganan terreno, no todo está perdido.

Es momento de repensar la radio no como un medio en decadencia, sino como un espacio que necesita reinventarse sin olvidar sus raíces. La creatividad, la formación de nuevos talentos, la defensa de contenidos de calidad y el fortalecimiento de emisoras comunitarias y culturales pueden marcar una ruta hacia la recuperación. La radio debe volver a emocionar, a informar con rigor y a conectar con el alma de los oyentes.

La crisis está servida, pero también lo está la posibilidad de una transformación inteligente. Aún hay tiempo para salvar lo que fuimos y proyectarnos hacia lo que podríamos volver a ser.

 

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