La corporación de reinas a conducir busetas

En Sincelejo ya no gobierna la ley ni la institucionalidad. Gobierna el conveniente desorden creativo del alcalde, que convirtió la Corporación 20 de Enero, nacida en 2017 para hacer desfiles, reinas y folclor, en una máquina depredadora de recursos multimillonarios, mientras los verdaderos socios fundadores salen corriendo para no pintarse de negro o no hundirse en el mismo party boat.

Primero renunció CECAR, hastiada del manejo irregular y de ver cómo su nombre académico y prestigio terminaban usados para legitimar contratos ilegales que jamás tenían que ver con su objeto social. Ahora renuncia la Cámara de Comercio después de un candente debate de su junta directiva, al no estar dispuesta a ser cómplice de la falta de transparencia en el uso de recursos (2024, 2025 y 2026); la desviación del objeto social hacia programas no culturales; la ausencia total de control del Concejo y la Contraloría; el uso indebido de su imagen institucional para justificar derroches; y las facultades sin límite otorgadas a un gerente sin contrapesos.

Las entidades fundadoras y serias se van por el descalabro y la transformación del Frankenstein de la Corporación 20 de Enero por parte del crash, y queda una corporación escuálida y deshilachada lista para obedecer a la huida de la Ley 80. Mientras los fundadores legítimos se marchan, aparece de repente Policaribe sentado en la Asamblea como si fuera socio original. En cualquier ciudad seria, esto sería causal de investigación inmediata.

En Sincelejo, en cambio, se celebra la Asamblea Ordinaria n.º 9 del 10 de noviembre de 2025, en vísperas del tour del alcalde por la Unión Europea, sin quórum válido y sin cumplir los estatutos, aprobando peligrosamente los puntos 8 y 9 del orden del día: facultades ilimitadas para el gerente, contratos sin tope, daciones en pago y una estructura a la medida del despacho del alcalde. Lo que debía organizar danzas, reinas, cabalgatas, desfiles y festivales, terminó manejando multimillonarios recursos de transporte público.

Y aquí la ilegalidad es monumental. Los elementos de un sistema de transporte público incluyen plan maestro de movilidad, rutas estructuradas, paraderos reglamentados, patios-taller, sistema de recaudo electrónico, control de flota, tecnología de gestión, señalización, contratos de operación, formación de conductores, infraestructura de soporte, seguimiento técnico y financiero, servicio al usuario, seguridad vial y auditorías de operación. Nada de eso —absolutamente nada— está en los estatutos de la Corporación 20 de Enero ni en el Acuerdo 188 de 2017 que autorizó su creación.

Pero eso no detuvo al alcalde. Los 38.000 millones son la gallina de los huevos de oro. Según dijo en rueda de prensa el 24 de noviembre: “Son treinta y ocho mil millones… se ejecutan del 1º de enero al 31 de diciembre… y se giran a la Corporación 20 de Enero”. Y remató: “Es un proyecto de inducción para que la gente vuelva a usar el transporte”.

Ah, claro. Porque cuando un sistema de transporte necesita ejecutarse, para el crash, la salida legal es entregarle 38 mil millones a una corporación cuyo objeto social es elegir reinas, organizar comparsas, escoger jurados, seleccionar bandas, coordinar desfiles, montar reinados populares, determinar premios folclóricos y organizar festivales culturales. Una entidad con competencias para escoger reinas… pero no para operar buses. Imagínese un minuto, señor lector, que la Corporación Carnaval de Barranquilla operara el transporte del Distrito y no Transmetro; o que la Feria de las Flores de Medellín operara el Metro. ¿Qué pensarán los expertos en transporte en Colombia de que en Sincelejo la Corporación 20 de Enero opere el sistema?

Metrosabanas y toda su memoria institucional deben estar llorando en un rincón, viendo cómo sus funciones terminan en manos de una corporación de comparsas y coronas. Metrosabanas fue creada en la administración de Jesús Paternina (Q.E.P.D.) para implementar el SETP, garantizar movilidad eficiente, estructurar rutas urbanas y corregimentales, operar flotas, gestionar recaudo, diseñar infraestructura y prestar un servicio seguro y controlado; hoy está condenada a la proscripción por parte del crash. Es como pedirle a un garrochero que pilotee un F16.

Pero lo más grave está aquí: el alcalde opera con “facultades infinitas”… en plena campaña al Congreso.

El Acuerdo 188 de 2017 venció hace siete años. No hay facultades vigentes. No hay autorización nueva. No hay marco legal. No hay permiso para incluir nuevos socios como Policaribe. Pero sí hay facultades aprobadas de manera ilegal: superpoderes dentro de la Corporación 20 de Enero, contratos sin límite, un gerente omnipotente, presupuesto paralelo y 38 mil millones que van a ser despilfarrados al margen del Sistema Estratégico de Transporte (SEPT).

Todo esto, casualmente, en plena campaña al Senado y Cámara, donde el alcalde tiene candidatos propios, operadores propios, logística electoral lista y una urgente necesidad de recursos para garantizar la plata para los votos. La Corporación 20 de Enero se convirtió en caja menor, caja mayor, caja negra y caja paralela del proyecto político del alcalde.

Razón tiene el periodista Carlos Orígenes, quien informa a través de El Avispero que los grupos artísticos y culturales duermen como delfín con un ojo abierto, ya que el presupuesto de cultura para 2026 es la módica suma de $38.000 millones, y como lo afirmó el alcalde, “van a hacer el salto del trapecista al sector transporte”, sin decoro y sin control.

Conclusión: Sincelejo vive el primer “Trans-Folclor Electoral” del país. Mientras en cualquier ciudad decente las empresas de transporte operan transporte, las secretarías de movilidad administran movilidad y la ley regula el gasto, en Sincelejo inventamos algo nuevo: un sistema de transporte público operado por una corporación de fiestas; con facultades infinitas, sin control y con un gerente todopoderoso; con 38 mil millones moviéndose sin vigilancia; en plena campaña política del alcalde y sus candidatos; bajo un esquema de contratación a dedo, sin competencia y sin transparencia.

Esto no es solo irregularidad. Esto es ingeniería y creatividad política aplicada por un crash: un laboratorio de cómo destruir una entidad mixta cultural para convertirla en una máquina electoral. Por eso se fue CECAR. Por eso se va la Cámara de Comercio. Y por eso la Corporación 20 de Enero es hoy el símbolo monstruoso de lo que Sincelejo jamás debe permitirse: una corporación tradicional y cultural convertida en una maquinaria política depredadora sin control financiada con recursos públicos.

Finalmente, alcalde: serénese. El desespero y la soberbia solo lo conducen a más errores. En una democracia, la oposición es importante y merece respeto; no puede llamarnos “goleros” ni insinuar que defendemos bandas criminales solo porque señalamos la corrupción y el despilfarro de su administración. Lo hacemos porque queremos que Sincelejo tome otro rumbo. Sus calificativos ponen en riesgo nuestra integridad y seguridad. Más respeto, por favor.

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