Hagámonos los pendejos y mejor que no se sepan las Cosas.

Mientras que en este país los colombianos están en un exacerbado punto sobre la sensibilidad política; en especial dos bandos confrontados en este momento. Vemos noticias tan sorprendentes como la decisión del Juez 5° Penal del Circuito de Conocimiento de Bogotá de improbar el preacuerdo suscrito entre la Fiscalía General de la Nación y el ex director de la Unidad Nacional de la Gestión del Riesgo de Desastres UNGRD, OLMEDO LOPEZ, en donde se estableció la rebaja en la pena por los delitos de peculado por apropiación (artículo 397 C. Penal) y concierto para delinquir (artículo 340 C. Penal), y a modo de reparación a la víctima (el Estado), una suma a devolver superior a los 700 millones de pesos.

La sorpresa es que el Juez, en su ejercicio de verificar este preacuerdo, en donde la finalidad es la de humanizar la actuación procesal para obtener pronta y cumplida justicia, se limitó a manifestar que “la pena acordada era irrisoria”.

No puede ser posible que en un país en donde el día a día cuesta mucho trabajo y esfuerzo para salir adelante, se vea restringido a este tipo de cosas.

El peligro que representa para un país que clama justicia y que sus ciudadanos piden que no se roben los recursos públicos, el silencio de OLMEDO LOPEZ.

Estoy por creer que lo que realmente importará con este silencio es que dejemos esto así, o apague y vámonos.

Pareciera que LOPEZ sirve más dejando eso así que echándole gasolina a la llama.

Nos parece inaudito que un testimonio que fue fundamental para que la sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia sustentara una captura en contra de los presidentes de Senado Iván Leónidas Name y de la Cámara de Representantes Andrés Calle, sea superfluo para el Juez 5° Penal del Circuito de Bogotá.

Se encuentra documentado que el dicho de Olmedo López en la Fiscalía habría servido para más de 150 líneas de investigación en contra de personas, amén de los documentos, conversaciones vía chats, interceptaciones telefónicas, entrevistas, interrogatorios ante la fiscalía, etc.

Lo que está buscando Olmedo en este ejercicio de colaboración eficaz con la justicia es evitar que el delito se continúe realizando; al igual que si se conocen las personas que están presuntamente vinculadas a estas actividades investigadas, se pueden surtir desarticulaciones de estructura dedicadas al saqueo del dinero público.

La situación es más compleja aún, porque Olmedo ha señalado presuntos responsables de la comisión de delitos, está expuesto a amenazas de muerte, está abriendo la caja de Pandora, en donde le está diciendo a la Fiscalía cómo se sustraía dinero público y en esta colaboración efectiva, reitero, no se va a tener en cuenta.

Entonces, ¿cómo nos enteramos de que sucedió en la UNGRD? Esto es el mundo al revés: exponerse a que lo maten para nada; ningún sentido tiene todo esto.

Se volvió un espectáculo grotesco en donde tanto y tanto se ha escrito sobre el concepto de justicia premial, en donde se espera que quien colabore sea “beneficiado”. Este tipo de arrepentimiento, de los que aceptan las condiciones del estado, o de los arrepentidos por lo que hicieron, busca ayudar a la justicia a desmantelar las estructuras enquistadas en el estado, evitando mayores daños, persuadiendo al arrepentido a que no lo vuelva a hacer.

En palabras más sencillas, ¿qué es lo que más les interesa a los colombianos: que OLMEDO LOPEZ PAGUE un mínimo de 8 años de cárcel o que este ayude a la Justicia a que se sepa qué fue lo que sucedió en la UNGRD?

Que es más importante, que se sepa la verdad y que caiga quien caiga sin importar nada; evitando que se pierdan más miles de miles de millones de pesos, o pasar de agache, hacerse el pendejo y tú tranquilo, que aquí no pasó nada.

Si se perdió dinero, no hay de qué preocuparse, que eso es dinero de los colombianos. A ellos les metemos otra reforma tributaria, les cargamos más impuestos y aquí no pasa nada.

Esperamos a que el Tribunal Superior de Bogotá se pronuncie sobre la improcedencia del preacuerdo de OLMEDO LOPEZ, que tiene más cosas buenas que malas, y recordar que el dinero que se perdió en la Guajira no es solo de los guajiros; también le pertenece a los más de 50 millones de personas que habitan en este país.

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