La zozobra que produce la guerra de estos dos bandos a la población civil, sometida a merced de los actores que se disputan ciertos territorios.
Miles de desplazados que con mucho miedo no solo a perder lo poco que tienen, sino que temen perder a sus hijos menores de edad, al ser llevados como reclutas de la guerra o, si se resisten, a ser asesinados.
Estos grupos ilegales solo tienen una motivación: el dinero. Hoy no tienen norte, menos ideales; solo negocios ilícitos, rutas de las economías ilegales.
Muertos por cientos, desplazados por miles en la parte nororiental de nuestro país; tristemente, el Estado se encuentra en un desmadre por no prestar atención a las alertas tempranas inminentes de la Defensoría de Pueblo que, desde el 15 de noviembre de 2024, viene informando, pero claro, creen que es mentira o se hacen los de la vista gorda.
La importancia del Ministerio Público es que son los observadores naturales en los territorios. Gracias a ellos se sabe realmente qué sucede en cada una de las municipalidades de este país. Los hostigados, los amenazados y los familiares de los muertos llegan primero donde los personeros municipales; por ello y con el fin de establecer si realmente amerita declararse un estado de conmoción interior en el país o en alguna región de esta, se necesita información real, veraz, pero sobre todo oportuna.
Estas decisiones que el ejecutivo debe tomar con prontitud se encuentran amparadas por nuestra Constitución Nacional. Es el presidente de la República quien las debe adoptar e impartir, para que excepcionalmente sea sofocado el orden público que se ha visto alterado por los actores armados en el Departamento de Norte de Santander, Guaviare y otros que, si no se presta atención, correrán con la misma suerte.
Necesitamos que la fuerza pública entre a poner orden a quienes vienen amenazando la seguridad y el orden público en estas zonas de nuestro territorio.
Se necesitan acciones militares inmediatas. Son hasta 90 días que nos da la Constitución Política de Colombia para obtener resultados, ¿entonces cuál es el miedo? El orden público está gravemente perturbado; tanto los habitantes de estas regiones están en riesgo inminente como la seguridad del Estado, porque tendremos quién sabe cuántos muertos, cuántos desplazados, cuántas familias destruidas.
No podemos posponer más, no podemos esperar más; debemos garantizar los derechos fundamentales a estos colombianos que históricamente vienen siendo sometidos por los actores armados, sin control ni ley.
Ya está bueno que estos personajes sigan cometiendo delitos, como secuestros, extorsiones, confinamientos y amedrentamientos contra los ciudadanos.
Exigimos que se respete la vida y el Derecho Internacional Humanitario. Necesitamos corredores humanitarios. Debemos darles más herramientas a los personeros para que cumplan con su rol constitucional y misional de garantizar los derechos fundamentales y las garantías de todos los habitantes de estos territorios sometidos a la ignominia de la guerra.
Presidente, usted al principio quiso negociar el cese al fuego, los invitó para sentarse y desarrollar un proceso de paz, pero abusaron no solo de la confianza suya, sino de todos los colombianos.
Ahora hay que tomar decisiones más contundentes. Estos grupos ilegales no están dispuestos a dejar las armas. Ahora debemos demostrarles quién realmente tiene el monopolio de las armas en este país.
Así como sucedió en el pasado, Simón Bolívar, cuando derrotaron a los realistas en la batalla del pantano de Vargas, le dijo al coronel Rondón: “SALVE USTED LA PATRIA”. Este es el grito que está esperando la fuerza pública para ponerse en lo propio, defender a la ciudadanía, a las instituciones de este país, pero sobre todo el honor de los colombianos, por haber sido burlados en un proceso que desde el principio se sabía que sería un verdadero fracaso.
Que Dios nos ampare, y que podamos defender con honor a todos estos colombianos que se encuentran aterrorizados e indefensos. Los buenos somos más. El estado de conmoción interior debe tener medidas duras para la criminalidad y confrontarlos con contundencia al costo que sea.