Más de 10 atentados terroristas sacudieron al país en 24 horas y la reacción del presidente fue señalar a sus adversarios ideológicos como responsables y etiquetarlos de fascistas, una ideología política que está más cerca de él. Acto seguido los petristas corrieron a repetir, aplicando el principio nazi de Goebbels “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”
Colombia vive sus peores momentos, es aterrador como la dejadez de un mandatario por ejercer una de sus principales funciones, cual es, mantener el orden público, se justifica en la política de paz total, una pretensión basada en la justicia social.
La justicia social es un oxímoron, contiene un error conceptual que siempre nos llevará a la catástrofe, esa misma que hoy estamos viviendo en Colombia. Esta herramienta asume que la sociedad es justa o injusta, le atribuye voluntad e inteligencia a la sociedad, asume la existencia de actos sociales, algo totalmente abstracto.
Desde ese mundo imaginario llega a la conclusión que los delincuentes son víctimas marginales de la sociedad y esta, a través del Estado en cabeza de un ingeniero social llamado gobernante, le asiste la responsabilidad de reparar a esa nueva víctima.
Invierte los roles sociales: aquello que la evidencia empírica nos muestra como delincuente o malo, para la paz total es solo una víctima de la acción social, es bueno y necesita ser reparado. Debemos nómbralo gestor de paz, sacarlo de la cárcel, subirlo a una tarima y levantarle las ordenes de captura. Algo totalmente distópico con las secuelas observables.
Las consecuencias de este yerro siempre serán las mismas, más opresión por parte del Estado para pagar más impuestos que reparen a los delincuentes; y estos, generando más violencia. Actos que se reflejan en más extorsiones, hurtos, secuestros, homicidios, y como es evidente, en ataques terroristas como el perpetrado en las últimas horas. El miedo masivo hace a la sociedad sumisa del terror.
De nuestro mandatario se puede esperar cualquier cosa, no en vano justifica el terrorismo, de hecho, le parece una genialidad; tal y como lo afirma cuando se refiere a la toma del Palacio de Justicia. Ejecutaba acciones terroristas mientras militaba en el M-19 y ahora es permisivo en calidad de presidente. El que es nunca dejará de ser, a menos que se convierta.
Lo más degradante, es ver a la sociedad colombiana, en especial a los militantes de las ideas socialistas, progresistas, seguir la línea del presidente, señalando de terroristas a sus opositores ideológicos, afirmando que son actos de campaña. Las ideas progresistas y de la justicia social les bloquea el raciocinio. Inclusive, no se dan cuenta que con esa afirmación justifican que el presidente es un inútil que no tiene la capacidad de controlar el orden público.
Estamos en la génesis de los efectos del socialismo, a penas iniciamos el camino de sus consecuencias. Con estos hechos macabros, desaparece la atracción por la inversión y el efecto: más desempleos, menos ingresos, escasez, pobreza.
Ese es el resultado de las ideas de izquierda, quieren tanto a los pobres que los multiplican.
El petrismo es una religión que no admite herejes, debes escoger entre apoyar a Petro o ser malo, indistintamente de la estupidez que diga, es una enfermedad mental que por desgracia es adictiva, ocasiona una tara en sus feligreses, nuestro presidente ha cimentado en Colombia una generación de idiotas.