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El Intervencionista

Fraude Intelectual Inducido.

“Si los socialistas entendieran economía, no fueran socialistas”    Hayek.

Cada área del conocimiento tiene sus tesis, hipótesis o teorías. El derecho, la historia, la ciencia política, la filosofía ofrecen ideas de todo tipo para elegir la que más se acerque a tu cosmovisión. Lo más importante será abrazar el planteamiento que represente la realidad observable, que se construya con lógica, carácter científico y mucho sentido común.

Por el campo de la ciencia económica es lo mismo: emergen a través de la historia diferentes formas de resolver los problemas que presenta esta materia; una de ellas es la propuesta de Keynes en su famosa obra “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”.

El economista británico es considerado uno de los más influyentes durante el siglo XX; su marco teórico ofrece culpar al capitalismo de la gran depresión de 1930 para proponer el estatismo. En efecto, prefería apoyar regímenes totalitarios como Alemania, Italia y Rusia.

Estas ideas proteccionistas recibieron una paliza de parte de Friedman en el 63, pero como todo se reinventa, surgió el neokeynesianismo para tratar de justificar las presuntas fallas del mercado, otro disparate que la escuela austriaca había desechado y que ahora sería demolido por Murray Rothbard.

Pero ante tanto fracaso teórico-práctico, ¿por qué en Colombia hemos implementado estas ideas durante más de 80 años? La pregunta es pertinente porque las políticas económicas de los gobernantes se construyen con sus criterios y las facultades de economía las toman para su estructura académica.

La respuesta la trae el mismo Keynes en el prefacio de su libro mencionado, que manifiesta: “No obstante, la teoría del producto en su totalidad que este libro tratará de ofrecer es, por mucho, más fácilmente adaptable a las condiciones de un Estado totalitario que la teoría de la producción y distribución de un producto dado bajo las condiciones de libre competencia y en buena medida de laissez faire».

Propone entonces el socialismo económico, el poder absoluto al gobernante para que gaste de manera desmedida, establezca más impuestos, planifique la economía mediante regulaciones, el crecimiento exponencial del Estado, más burocracia y empleo público. Hacen del mandatario un nuevo ingeniero social con la continuidad del brazo de Dios en la tierra, asumiendo el milagro de la multiplicación de los panes a través del gasto público y la distribución en nombre de la justicia social.

Ante ese escenario, es obvio que los políticos preferirán el fortín de poder y económico que ofrecen estas ideas, así amarán a Keynes per secula seculorum. Luego entonces, estamos condenados al fracaso a menos que toquemos fondo para que el elector reaccione y genere un cambio cultural, como sucedió en Argentina con la elección de Javier Milei. Imposible en Colombia, al menos en el corto plazo.

Todo tiene sentido: el gobierno nacional ha creado ministerios, viceministerios, consulados, embajadas y cuanta burocracia se le ha pasado por la mente; regulación de la economía; así como la presentación de un presupuesto soportado en un proyecto de ley de financiamiento que no fue aprobado, de allí que recurra a una narrativa de victimización y la búsqueda de otras alternativas de ingresos antes que reducir el gasto público.

Por el lado del municipio de Sincelejo es peor: los presupuestos 2024 y 2025 fueron presentados y aprobados sin una fuente de financiación razonable, aumentaron el impuesto predial, crearon nuevos cargos en la planta de personal y el gasto exagerado los llevó directo al déficit fiscal, como era predecible. “Sincelejo ha tenido un modelo más keynesiano”, fueron las palabras del alcalde en su rendición de cuentas 2024. De ahí su preferencia por el gasto desmedido e inútil.

Tanto la nación como el municipio abrazan las ideas económicas que llevaron a los gobiernos por el camino de servidumbre que anunció Hayek. En el orden nacional, se agrava con los programas sociales y el gasto de funcionamiento excesivo; y en el ámbito municipal, por mucho que el burgomaestre prometa cambiar hacia Friedman, no se pueden pretender resultados diferentes haciendo lo mismo. Por tanto, sus afirmaciones y promesas no son más que un fraude intelectual inducido.

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