“A los tres meses de ser presidente en Colombia se acaba el ELN” fueron las palabras que el hoy presidente de la República mencionó en campaña con su compromiso de reconciliación para todos los colombianos y que más tarde se conocería con el nombre de “Paz Total”. No obstante, a falta de año y medio para terminar su mandato, el grupo terrorista se encuentra más fortalecido que nunca.
La política de Paz Total ha sido un rotundo fracaso que la izquierda quiere ocultar a como dé lugar. No es cierto, como lo afirma el primer mandatario, que estamos más seguros que antes; por el contrario, los municipios que esperaban la intervención de este gobierno con políticas públicas que erradicaran el eterno conflicto y recuperaran la seguridad, quedaron en espera; solo fueron promesas de campaña. Populismo puro y duro.
Las cifras del presidente en orden público no ayudan; desde el momento de su posesión, este gobierno carga el peso de 202 masacres en el país, que suman un total de 684 personas asesinadas. Todo un desastre en el manejo de la protección a los ciudadanos y sin esperanzas de mejorar.
La cereza del pastel es el departamento del Cauca, tierra de la vicepresidenta, de quien se esperaba una gestión necesaria y diferencial que no apareció. Esta zona del territorio nacional presenta el mayor número de masacres con 24 en total, lo que equivale casi al 12% de las matanzas registradas. Eso dista mucho de vivir sabroso.
La fatal arrogancia de la izquierda conmina a sus gobiernos a proponer políticas públicas en condiciones que no se pueden materializar. De nada sirve hablar de las garantías del derecho a la educación, si los profesores deben salir motorizados del Catatumbo huyendo de la violencia originada por los terroristas del ELN y que el Estado no ha tenido la voluntad ni la capacidad de combatir. Al contrario, en la zona de Norte de Santander y Arauca manda la guerrilla, mientras este gobierno se preocupa más por un mural con fines políticos.
El grupo terrorista no da tregua y anuncia que “seguirá corriendo sangre”, declarando objetivo militar a Ecopetrol, a los mototaxistas y comerciantes del Catatumbo, El Tarra y Tibú. Todo aquel que no pague extorsión se declara objetivo militar, la zona es una anarquía. El gobierno trata de atenuar el impacto con un Consejo de Seguridad, pero su credibilidad es nula, dado que el control ilegal deja alrededor de 20 muertos y 70 familias desplazadas.
La constante de romper y reiniciar negociaciones con ese grupo es la prueba de la improvisación del gobierno con respecto al orden público y tratamiento del conflicto armado.
La reciente excusa del presidente para terminar diálogos que nunca iniciaron radica en que el ELN “no tiene ninguna voluntad de paz”; es una muestra de su ineptitud e impotencia.
Como dirían algunos historiadores: Nerón tocaba la lira mientras Roma ardía; por nuestro lado afirmamos: Petro, preocupado por la propaganda política de un mural, mientras masacran a su pueblo.