El alma de un defensor de los valores y principios más simples del ser humano, hoy se encuentra al lado del creador, luego que la narrativa de una ideología que se aparta de la fe, lo convirtiera en el blanco del odio, la envidia y el resentimiento de quienes ven la religión, las creencias, las sagradas escrituras, la familia, la vida, la libertad y a Dios, como sus enemigos.
Charlie Kirk, el joven conservador estadounidense, fue asesinado por ser cristiano y por llevar al debate público sus creencias, por decirles a los estudiantes universitarios “demuéstrame que estoy equivocado”; era todo lo que hacía, entregar un micrófono para que, quienes quisieran de manera libre, trataran de cambiar su postura sobre la existencia de Dios, sobre la afirmación científica de que la vida inicia en la concepción, que un hombre jamás se convierte en una mujer.
Era todo lo que pedía. No obstante, sus detractores progresistas de izquierda que jamás lograron vencerlo con argumentos recurrieron a su instinto más básico: la violencia. La izquierda siempre termina utilizándola.
Deja su legado como batallador cultural; su principal herramienta fue la Fe en Cristo; para él era lo más importante, no le daba pena hablar de Jesús.
Como apasionado defensor de la patria, enfrentaba el modo de vida ajeno a las tradiciones e identidades cristianas establecidas por los founding fathers en su país. Tenía la convicción de que una familia fuerte conformaba sociedades y naciones fuertes por la seguridad que los padres pueden otorgar a sus hijos cuando estos son sus prioridades.
Además, Charlie defendía la verdad: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32); enseñaba que la verdad hace parte del amor. “Yo no te puedo mentir porque te amo”, decía Kirk a los activistas progresistas sobre sus posturas infames y supersticiosas de la ideología de género, donde les mienten a los jóvenes haciéndoles creer que pueden ser aquello que se autoperciben.
Defendía la vida, no como un argumento político, sino con la firme convicción de que la sociedad que justifica el aborto es una sociedad destructora que pierde su sentido e instinto de humanidad. Un verdadero conservador.
Vivimos en un mundo de mentiras donde decir la verdad nos hace realmente peligrosos. Precisamente, el joven conservador promovía el debate en las universidades, esos lugares reservados para convencer con argumentos y llegar a la verdad; sin embargo, los campus se constituyen hoy como un espacio de adoctrinamiento, al punto que es más importante matar que debatir.
Charlie Kirk no ha muerto; quienes pensaron que al asesinarlo acabarían con sus ideas se equivocaron. Simplemente despertaron a los cristianos que por error asumieron ideologías engañosas que se mostraban tolerantes, disfrazadas de defensoras de derechos humanos. Su legado está más vivo que nunca; sus asesinos lo enaltecieron como el mártir que erradicó la ceguera de quienes, sin darse cuenta, se habían apartado de la palabra de Dios.
Cometieron un craso error; no asesinaron las ideas conservadoras de Charlie Kirk, solo despertaron el espíritu de los leones de la tribu de Judá.