El despilfarro: $958 millones en 50 días

En Sincelejo, el deporte ya no se practica en canchas ni en polideportivos: se ejecuta en PDF. Con membrete oficial, firmas visibles y una narrativa que invoca el “interés público”, el Instituto Municipal para el Deporte y la Recreación de Sincelejo – IMDER, en calidad de entidad contratante, celebró el Convenio de Asociación No. 047 de 2025 por $958.954.000 con una Entidad Sin Ánimo de Lucro que aporta exactamente lo que suena justo… el 5 %.

El convenio, que NO es un verdadero convenio de asociación, fue suscrito por el IMDER, representado legalmente por su gerente ROBINSON GÓMEZ LADEUS, y por la entidad sin ánimo de lucro contratista, la ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE PROFESIONALES INTEGRALES Y TRABAJADORES DE ARTES Y OFICIOS DE LAS CIENCIAS DEL DEPORTE Y LA ACTIVIDAD FÍSICA – ASOPROINTEGRAL “ASOPRODEPORTES”, identificada con NIT 900.973.899-3, representada legalmente por NIKY LUZ LÁZARO RUZ.

El 95 % del valor total del convenio, que no es convenio porque el riesgo financiero lo asume casi totalmente el IMDER, es decir, $907.294.000, lo aporta el IMDER con recursos públicos. El aporte de la Entidad Sin Ánimo de Lucro asciende a $51.660.000, equivalente a cerca del 5 %. Por lo tanto, no hay equilibrio ni corresponsabilidad. Pero tranquilos: no es un contrato estatal, es un “convenio de asociación”. Porque cuando el Estado pone casi todo el dinero, define casi todo y asume casi todo el riesgo, lo correcto, según esta transmutación jurídica, es llamarlo “convenio de asociación”.

El proceso, adelantado por el IMDER Sincelejo bajo el marco del Decreto 092 de 2017, fue tan competitivo que solo contó con un proponente habilitado: la misma Entidad Sin Ánimo de Lucro finalmente contratada. Y tan riguroso, que ese único proponente tuvo que subsanar su capacidad jurídica durante la etapa de evaluación, lo que demuestra la falta de dos aspectos básicos: el aporte de la entidad sin ánimo de lucro es marginal y accesorio, y no hay aporte técnico diferenciador.

Así las cosas, la perlita del susodicho convenio es que el aporte privado es simbólico, tardío y sin garantía real. Encontramos que la Entidad Sin Ánimo de Lucro ASOPRODEPORTES, representada por NIKY LUZ LÁZARO RUZ, aporta apenas $51.660.000, principalmente en logística y suministros, cuya verificación queda supeditada a la ejecución posterior del convenio. Este esquema contradice el artículo 355 de la Constitución Política y el artículo 96 de la Ley 489 de 1998.

Por tal motivo, aquí no hay equilibrio contractual. Hay financiación pública casi total y aporte privado marginal, con firmas plenamente identificadas.

En consecuencia, el artículo 355 constitucional permite convenios con entidades sin ánimo de lucro para aunar esfuerzos, no para trasladar la ejecución integral mientras la entidad pública —el IMDER— define el objeto, financia el 95 %, controla, paga y liquida.

Eso no es asociación. Eso es contratación estatal disfrazada, con responsables claros.

En conclusión, esto no se trata de una opinión política. Se trata de hechos documentados, normas vulneradas y firmas responsables.

Cuando casi mil millones de pesos se ejecutan en 50 días, con competencia mínima, planeación precaria y aporte privado simbólico, el problema es que, ante la ausencia de controles reales por parte de los gremios del deporte, la tibieza de los entes de control y el miedo a perder la comodidad contractual de algunos actores del comercio frente a la administración del alcalde crash Yahir Acuña, la ciudadanía empieza a perder algo más grave que los recursos públicos: la fe y la esperanza en las instituciones.

 Cuando el derroche se vuelve cotidiano, la opacidad se normaliza y los convenios de casi mil millones se firman como si fueran trámites menores, la corrupción deja de escandalizar y se vuelve paisaje, como el calor bravo: fastidia, pero toca aguantársela. Y ese es el daño más profundo, el mensaje silencioso que reciben las nuevas generaciones, que aprenden no que el esfuerzo y la legalidad importan, sino que administrar con corrupción, gastar rápido y explicar poco no solo es posible, sino institucionalmente tolerable.

El cambio sí se puede.

Feliz y próspero año 2026.

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