La oleada de ataques terroristas en Colombia nos hizo revivir los peores momentos de la historia reciente de este país, una época no conocida por los jóvenes de hoy y que los mayores considerábamos superada, pero no fue así, la ineptitud en el gobierno del cambio es tal, que hemos cambiado… para mal.
Lamentable que Colombia, durante esta semana que aún no termina, registre al menos 25 ataques terroristas, vías cerradas por explosivos, cilindros bomba, carros bomba, motocicletas cargadas con explosivos, artefactos explosivos cerca de estaciones de policía; el asesinato de policías y civiles inocentes fue el itinerario por estos días.
Cuando el gobierno nacional que hoy ejerce el poder se propuso desde la campaña hacer un cambio, lo ha logrado. Nuestro país cambió; lo que ayer eran hechos aislados, hoy son el pan de cada día, el orden público se transformó al punto de considerar que deambulamos por un ciclo de Estado fallido. Es muy difícil que este gobierno recupere algo de seguridad ciudadana.
Si por el orden público llueve, por el lado de las finanzas públicas no escampa, el gobierno nacional acaba de anunciar la suspensión de la regla fiscal por tres años, hecho natural en un pésimo manejo de los dineros de los contribuyentes colombianos, en el mandato popular que había prometido un cambio. De hecho, lo lograron: dejarán el cuatrienio con el mayor nivel de duda pública con respecto al PIB en la historia.
Este gobierno presentó niveles de déficit fiscal similares al periodo de pandemia sin tener emergencias de ese nivel, es decir, en condiciones cotidianas, fue tan desastrosa la administración de lo público que solo se asimila a las peores crisis. Súmele que, durante lo que resta del mandato, el presidente tiene un cheque en blanco para gastar, cual mujer que padece de oniomanía en un centro comercial estrenando tarjeta de crédito.
La cadena de eventos catastróficos que hoy se conectan en este país constituyen el grillete que arrastramos los colombianos y que el gobierno del cambio lanza al río. Súmele al déficit fiscal y la deuda pública estruendosa la falta de caja que veremos en el año 2026, producto del decreto que incrementó los anticipos de renta vía retención en la fuente. Solo les falta imprimir billetes.
La cereza del pastel está representada por el crecimiento económico irrisorio, soportado en el gasto público y no por la productividad de la inversión privada, hecho que hace al sistema insostenible en el mediano plazo. Sin mencionar los problemas de recursos para la salud, energéticos, reducción de la inversión extranjera, entre otros. Es apenas lógico, no se puede sostener lo público, sin lo privado.
El manejo de las finanzas públicas, sumado a la escasa inversión privada por las condiciones de orden público, hacen de nuestro país una bomba de tiempo que tarde o temprano explotará. El problema radica en que las peores consecuencias no las tendrá este gobierno,, sino los siguientes, quienes deberán tomar decisiones drásticas, consideradas “políticamente incorrectas”, inclusive considerar decretar la emergencia social y económica desde el primer día de mandato.
El cambio es real: hoy tenemos más violencia, menos oportunidades de emprender, problemas de deuda pública, caja y déficit fiscal, la economía no crece por la inversión privada. Consecuencias materiales de tener un gobierno de izquierda, un mandatario extremadamente estatista.