El cambio es ahora

“Hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores, y hacer que nuestros seguidores lo repitan en todo momento”.

—Joseph Goebbels

Ustedes son los responsables de que el doctor Gustavo Petro sea hoy el presidente de Colombia.  Tuvieron el poder durante décadas y jamás miraron hacia abajo.  Se deslumbraron con el horizonte y el brillo resplandeciente del sol en la agonía del arrebol, y se olvidaron de mirar al pueblo.

Olvidaron que gobernar es tomar decisiones para mejorar la calidad de vida de quienes viven en tugurios y asentamientos.  Desatendieron al campesinado, que entendió que la educación era el camino para que sus hijos no repitieran su historia, sembrando maíz y arroz sin esperanza, sin futuro.

En un país sin oportunidades para los de abajo, la pirámide social estaba condenada a derrumbarse.  Y fue así como Gustavo Petro, desde el Congreso, los enfrentó.  En solitario denunció al paramilitarismo, incluso el de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, y a Rodrigo Mercado Pelufo, alias Cadena, quien sembró el terror en San Onofre: asesinó con sevicia, humilló a alcaldes, gobernadores, diputados y concejales, y se convirtió en un poder intocable.  Todo eso ocurrió en la Colombia gobernada por Álvaro Uribe Vélez, bajo la sombra de una élite política y económica silenciosa.

En ese entonces, los medios guardaron un silencio cómplice.  Hoy, los mismos que callaron frente al horror son quienes se oponen al cambio que lidera el presidente Petro.  Pero ya no somos los mismos.  Jóvenes y adultos han despertado, y pese a los titulares y a las campañas de desprestigio, lo respaldan.

Hay medios que han dejado atrás el periodismo para convertirse en inquisidores.  Escuchar a Néstor Morales en Mañanas Blu, a Luis Carlos Vélez o incluso a Julio Sánchez Cristo en La W, da la impresión de que su única misión es hablar mal del presidente.

Algunos aseguran que el objetivo es no dejarlo gobernar.  Y esa estrategia ha quedado en evidencia: todos contra Petro, porque quiere el cambio.  Eso los mortifica.  Pero ya no hay marcha atrás.

Los medios de comunicación, si no recuperan su credibilidad, seguirán cavando su propia tumba.  Y los empresarios y sectores privilegiados deben entenderlo: todos aspiramos a vivir con dignidad.

El cambio no depende de una sola persona.  El cambio llegó para quedarse, sin importar quién gane en las elecciones de 2026.  El Congreso de la República está llamado a seguir esa senda y a dejar atrás la corrupción.

“Patria, te adoro en mi silencio mudo, y temo profanar tu nombre santo.”

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