“De todo niño, niña, adolescente, menor de 18 años, la patria potestad es del Estado”, fueron las palabras del ministro de salud Guillermo Alfonso Jaramillo, que nos hicieron recordar el propósito del becerro de oro del mundo moderno, el Estado benefactor o Estado social de derecho.
El estatismo es una especie de religión que fija su adoración en el Estado, esa institución jurídico-política que se encarga de gobernarnos, regularnos y juzgarnos.
Existen corrientes ideológicas que recurren a esta religión para endiosar al Estado y extralimitarle funciones. Este credo está conformado por el comunismo, socialismo, fascismo, nazismo, progresismo y toda concepción que asuma la supremacía del Estado sobre el individuo. Ideas abiertamente de izquierda.
En efecto, considerar que los hijos menores de edad no son de los padres sino del Estado es una posición ideológica que aparta a los padres del plano familiar, reemplazándolos por una organización burocrática liderada por una persona que se siente con las atribuciones de ingeniero social.
Este tipo de ideas no son nuevas, provienen de un eje central ideológico, el socialismo; de allí que sus derivados asuman el poder superior del Estado sobre los individuos, como lo vivido en la antigua Unión Soviética social-comunista, la Alemania nazi, la Italia fascista, entre otros.
Es pertinente recordar el caso de Melissa, una joven de 15 años, perteneciente a una de las 400 familias que padecieron sanciones, encarcelamientos y pérdida de la custodia de sus hijos por el solo hecho de brindarles educación en casa, pues los nazis a la cabeza del Tercer Reich prohibieron este tipo de enseñanza para adoctrinar a los niños y jóvenes en escuelas estatales.
Este tipo de políticas públicas las había anunciado Adolf Hitler en su obra “Mi lucha”, donde expresaba que la instrucción escolar correspondía al Estado. Además, “el derecho de la autodeterminación del individuo le supedita al derecho de la colectividad, sometiendo al niño a la instrucción obligatoria, sin previo consentimiento de los padres”.
Tampoco podemos dejar a un lado las ideas de Benito Mussolini, un militar, periodista y político que militó en el Partido Socialista Italiano durante 14 años, de donde recoge las ideas para luego estructurar su obra “La Doctrina del Fascismo”, que implementa la hegemonía del Estado sobre el individuo, expresando textualmente “todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.
Esa misma filosofía la difunde y pretende aplicar el progresismo en Colombia. Tal como lo expresó el ministro, son los ideales que motivan la resolución 309 de 2025 del Ministerio de Salud y Protección Social del gobierno progresista, que permite a los niños decidir sobre los tratamientos reproductivos, sobre el aborto e inclusive la decisión de morir dignamente.
Justifica el ministro en su disposición normativa la asistencia relacionada con la reafirmación de género o no conformidad de género para los niños, niñas y adolescentes. Es decir, apoya la decisión de estos para practicarse cirugías de cambio de sexo sin autorización de los padres.
Bajo el planteamiento de John Locke, la patria potestad consiste en la autoridad que poseen los padres, que se deriva de la obligación que tienen de cuidar de los menores, dirigir sus acciones hasta que adquieran la razón e inteligencia para tener la libertad de decidir y la libertad de obrar, es decir, hasta que alcancen la edad de la discreción.
De esta manera, el Estado pretende ser el padre putativo para quienes no alcanzan la mayoría de edad, arrancando de los padres la obligación básica de dirigir sus actos mientras alcanzan su estado de inteligencia.
Así es la izquierda: desde cualquiera de sus aristas se asume como la extensión del brazo de Dios en la tierra o construye su propia religión, el estatismo, que adora al becerro de oro del mundo moderno, el Estado, a quien se le otorgan facultades paternalistas como la patria potestad de nuestros hijos menores de edad.