El alcalde fugitivo

En Sincelejo ya no gobiernan: administran el descaro.

Aquí los contratos se discuten en la sala, las comisiones se negocian entre suegra y yerno, los niños comen el sobrao y el alcalde con su consorte hace maletas y viaja a Europa modo turistas clase business desde el 15 hasta el 23 de noviembre.

Porque mientras el país entero ve los videos donde Yahir Acuña relajadamente habla de los porcentajes de las utilidades del contrato de la comida de los niños como si fuera cualquier negocio legal holding, él prepara su gira turística a Roma, como si no hubiera pasado nada la semana pasada en la ciudad.

Los videos que circularon, tan absurdos que ni Hollywood se atrevería a producirlos. Solo faltó que dijera:

“Guion basado en hechos reales: corrupción familiar en Sincelejo.”

Un alcalde “muy particular”: no firma, no asume, no responde.

Y aquí aparece el detalle técnico que explica gran parte del desastre institucional:

Yahir Acuña no firma absolutamente nada.
No firmó los decretos de la reestructuración.
No firma contratos.
No firma actos administrativos sensibles.

Todo lo delega. Todo lo terceriza. Todo lo deja en manos de otros. Por esa alcaldía no hay ley de contratación.

No se trata de un estilo de gobierno; se trata de un mecanismo sistemático para evadir responsabilidad política, disciplinaria y penal.

En derecho administrativo, eso tiene nombre:
Delegación ilegal o nula.

En práctica política, eso tiene otro:
Cobardía institucional.

Y en Sincelejo tiene un tercero:
Modus operandi del alcalde.

Porque cuando hay que responder, dar la cara o asumir consecuencias, él ya tiene lista la solución:

Emprender la huida.

El caos es total: el PAE convertido en feria familiar, despidos masivos sin motivación real, denuncias nacionales… y sin embargo, Yahir Acuña —“el crash”— no está preocupado por eso. No. Él está preocupado por llegar puntual a su cita en el panteón en Roma.

Porque en su cabeza, la prioridad no es el PAE ni los niños, ni los trabajadores despedidos, ni las demandas sindicales, ni la seguridad, ni la ciudad en crisis. Su prioridad es la fotografía en la basílica de San Pedro, el turismo por la capilla Sixtina, el museo romano.

Cuando a un alcalde en una misma semana un senador dice “vergonzoso”, otro dice “entréguese” y un ministro dice “aberrante”, esto ya no tiene reversa.

José David Name lo dijo claro:
“Es vergonzoso que un alcalde aparezca negociando el PAE.”

Alex Flórez lo enterró definitivamente:
“Renuncie y entréguese a la Fiscalía.”

Y el ministro de Trabajo lo remató:
“Es aberrante despedir a 256 personas para beneficiar a la familia del alcalde.”

Tres golpes mortales.

A cualquier mandatario decente, esto lo tendría dando explicaciones urgentes y asumiendo responsabilidades.

Pero este alcalde no. Este alcalde empaca y a viajar.

La doctrina Yahir Acuña™: viajar primero, responder nunca.

La filosofía del alcalde es simple:
Siempre hay un aeropuerto más cerca que la dignidad de un pueblo.

Huir disfrazado de “turismo religioso”.

Y es imposible no preguntarse algo elemental:

¿Se va porque tiene compromisos internacionales reales… o porque sabe que aquí lo espera la Fiscalía, la Contraloría, la Procuraduría y una ciudad indignada?

Porque una cosa es viajar por asuntos oficiales. Otra es escapar con excusa de compromiso religioso. Ese cuento, nadie cree el cuento. Ni el papa, señor Crash.

Mientras el señor alcalde con su señora viaja modo turistas y negocian, los niños del PAE siguen esperando comida en mal estado que reciben.

La tragedia es simple y brutal:
Los únicos que no viajan, no negocian, no comen comisiones y no salen en los videos… son los niños.

Los mismos niños que deberían ser prioridad. Los mismos que hoy siguen esperando raciones dignas mientras el alcalde se toma selfies en el Coliseo romano y en el Vaticano.

Conclusión: Sincelejo no está gobernado; está es saqueado.

La ciudad está quebrada. El alcalde está de shopping en Roma. Los entes de control están recibiendo denuncias a diario y la administración municipal funciona como un barco sin capitán, porque su capitán nunca firma, nunca asume, nunca enfrenta nada.

El país entero ya lo dijo: vergonzoso, aberrante, indecente.

Ahora deben decirlo quienes tienen la capacidad de actuar: la Fiscalía, Procuraduría y la Contraloría. Porque este escándalo NO puede quedar en vilo. La ciudad exige resultados. La ciudadanía exige respuestas y Sincelejo exige respeto. Yahir Acuña podrá ir a Roma, pero lo que lo espera al regreso es rendición de cuentas.

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