Destrucción Programática de Sincelejo

Sincelejo ha sido programada para su destrucción; no es casualidad, es un ejercicio sistemático para acabar con la ciudad. Desde el primer momento en que el alcalde colocó un pie en la administración, poco antes de su elección, como todos ya sabemos, inició una metodología para arruinar las arcas de la ciudad. Dejamos de ser ejemplo financiero para convertirnos en lo que no se debe hacer.

El primer paso, el tercio de varas, fue la modificación del presupuesto para 2024, documento que se había elaborado técnicamente, conforme a derecho. Sin embargo, una vez se hizo elegir el alcalde, hizo modificar ese proyecto aumentando desproporcionadamente los ingresos proyectados. El resultado, un déficit fiscal de $57.187 millones, solo en ingresos corrientes de libre destinación.

El tercio de banderillas se dio con la presentación del proyecto presupuestal para 2025 con las mismas inconsistencias; todo estaba planeado, tendría el alcalde la excusa perfecta para vaciar de la alcaldía municipal a todo trabajador que no perteneciera a su grupo político. No obstante, seguiría gastando en nóminas temporales.

Sincelejo comenzó a sentir los primeros efectos de este plan malévolo para su destrucción cuando no se pagaron en tiempo los créditos y se recurrió a un préstamo de tesorería. El efecto siguiente fue el retraso en los pagos de los contratos de prestación de servicios, las nóminas temporales y los giros a las entidades descentralizadas.

La consecuencia más sensible, sin duda, es el atraso en la nómina de empleados que apenas inicia, como lo anuncié en su momento. Apenas transcurre la mitad del periodo de alcaldía; es predecible que la situación para los empleados que se salvaron de la motosierra selectiva empeorará drásticamente.

El último tercio, la estocada final para Sincelejo, está representada en el presupuesto que para 2026 acaba de aprobarse en el concejo, por 1.1 billón. Más de lo mismo, improvisación, no se atienden los déficits anteriores, ingresos desproporcionados que mañana resultarán rompiendo la regla fiscal, no se contemplan las necesidades de la ciudad, gasto público elevado en sectores de fiestas y derroche. En fin, el municipio está condenado a la pobreza.

Las ideologías estatistas son amantes del poder; es lo único que les interesa. Una vez empotradas, sistemáticamente inician la destrucción; son una especie de rey Midas a la inversa, se comportan como plagas; su único objetivo es devastar. El propósito de poder radica en desmotivar a contrincantes políticos para que no les asista el propósito de administrar un holocausto y de esta manera perpetrarse en el mandato.

Sincelejo está quebrada y su destrucción programática sigue su curso; la ciudad YA padece sus consecuencias; no existe más salida que esperar dos largos años de esta administración que quedará para la historia como la encargada de desolarla de manera sistemática con la ayuda del concejo municipal.

Por lo pronto, Sincelejo seguirá desplomándose a pedazos ante la mirada y el silencio cómplice de los actores políticos del Departamento de Sucre. Cuando estos reaccionen, sentirán tardíamente la carga de responsabilidad que como actores políticos les asiste, porque percibirán que en la ciudad “no quedará tierra sobre tierra”.

 

 

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