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El Intervencionista

Cuidado con Venezuela.

Para nadie es un secreto que Venezuela es un país que vive bajo un sistema de gobierno con el poder ejercido de manera violenta, concentrado en un selecto grupo de personas que no respetan el ejercicio democrático, mucho menos la libertad de prensa. Así quedó ratificado luego de las elecciones presidenciales realizadas en julio de 2024 y con la posesión del presidente dictador en enero de este año.

Recordemos que Venezuela, para el año 1970, era una nación próspera; se ubicaba en el puesto 14 entre los países con mayor libertad económica del mundo. Sin embargo, poco a poco fueron dejando a un lado estas ideas, al punto de elegir en el año 1999 a quien sepultara la libertad económica e impusiera un nuevo modelo estatista denominado “socialismo del siglo XXI”.

El régimen chavista heredado y continuado por Nicolás Maduro y todas las ideas de izquierda acompañadas por el economista progresista Joseph Stiglitz, para la búsqueda del estado benefactor que garantizara la justicia social, en oposición al libre mercado o “neoliberalismo”, condujeron al Estado venezolano a su mayor catástrofe de su historia. Inflación a dos millones porcentuales, reducción de la producción al 70%, incremento en la pobreza al 80% con una indigencia del 50%, casi ocho millones de migrantes, convirtiéndose en el más grande “éxodo del siglo XXI”. Apenas obvio, Venezuela descendió al último puesto en el Índice de Libertad Económica con corte a 2021.

En el tope de esta debacle económica, se asoman dos aspectos que muestran una ligera recuperación en el vecino país. En primer lugar, la implementación de una economía más abierta con un socio estratégico como China, un país de pocas libertades políticas, pero con una enorme aplicación de capitalismo, porque al final no importa si el gato es blanco o es negro; lo importante es que cace ratones. En segundo lugar, la dolarización de facto, que ha permitido tener una moneda más estable, inclusive para negociar en el extranjero.

El problema frente a esto sería la aceptación de la tiranía por parte de Estados Unidos, como quiera que Venezuela ya demostró que no es nada confiable en sus relaciones de Estado, porque una cosa son las relaciones comerciales que puedan tener las naciones y otra muy distinta es la lambonería política manifiesta de Colombia con Venezuela por su afinidad ideológica.

Que Estados Unidos decida negociar políticamente con tiranos es un error garrafal; sería ceder espacios geopolíticos a China y Rusia, países aliados a Venezuela. Mientras tanto, en el orden interno, los venezolanos ya comienzan a ver algunos frutos del capitalismo dirigido por dictadores; y en la medida en que avance, el pueblo se acomodará a esta nueva vida, que a pesar de continuar en servidumbre a la tiranía, es de lejos muy diferente a la miseria del socialismo.

Los venezolanos no están en la gloria, pero dejar que los sobrevivientes del socialismo del siglo XXI comiencen a ver una luz al final del túnel con la implementación de políticas neoliberales estrictamente en lo económico, en manos de una dictadura, es dejar que un pueblo sumiso ceda sus libertades políticas y civiles ante una ligera corrección económica.

Consentir este avance sería mostrarle al resto de América Latina una falsa libertad, puesto que es incompleta y huérfana de democracia; ese es el punto que Estados Unidos deberá evaluar antes de ser permisivos ante el tirano. El verdadero peligro es permitir la pérdida de libertad.

Debemos tener cuidado con Venezuela.

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