Las cifras de la baja en el recaudo de impuestos en Colombia cortaron la cabeza del director de la Dian con apenas seis meses en el cargo, poco tiempo para planificar y mostrar resultados, más aún si existen factores económicos que no dependen del director. Lo anterior muestra el exagerado nivel de improvisación de este gobierno.
El bajo recaudo obedece a malas estimaciones que se hicieran desde el año 2023; el presupuesto debe hacerse de una manera razonable y precisa. Es más, hubo “una sobreestimación”, se hicieron “cuentas alegres”, afirmó el funcionario.
Obviamente, el gobierno nacional, en su disparate e irresponsabilidad, sobredimensiona los ingresos para tener más gastos en papel; además, explica que “la economía del año 2023 fue muy mala”.
Al cierre del año es apenas obvio que el recaudo no guarda relación con lo proyectado, generando déficit fiscal. Luego vendrá la excusa peligrosa de adquirir créditos para cubrirlo, enajenar activos o, lo peor, la emisión de dinero.
Reconocer que el manejo de la economía en este gobierno ya está teniendo efectos negativos tanto en el comercio como en la recaudación de los tributos es la mayor sensatez de este funcionario.
Si la nación ha sido irresponsable por incurrir en déficit fiscal, qué decir del municipio de Sincelejo, que en su fatal arrogancia construyó para 2025 un presupuesto desproporcionado con metas inalcanzables de recaudos, con los mismos errores que el año precedente.
Sin duda, el municipio se ahoga financieramente en solo un año del periodo institucional del mandatario, hecho que además afecta gravemente el sector privado, motor indiscutible de lo público.
Presentar un presupuesto sin financiación, conociendo de antemano que el recaudo no alcanzará a cubrir los ingresos, solo lo hace un funcionario irresponsable que no goza de término medio; simplemente oscilará entre la ignorancia y la malicia. En nada favorece a la ciudad.
En economía, cada acción humana tiene una reacción en el mercado; el ejercicio público no se escapa de este principio.
Si el orden nacional construye un presupuesto con ingresos que no se recaudarán, ese documento permitirá la expedición de certificados de disponibilidad presupuestal carentes de financiación, papel sin dinero.
En esta lógica, la distribución del presupuesto nacional hacia las entidades territoriales deja un hueco fiscal en los programas financiados por el Sistema General de Participaciones. Este tipo de situaciones deben prevenirlas los municipios; no obstante, la administración de Sincelejo hace exactamente lo contrario: disponer para gastar sin prever las consecuencias, como sucedió con el Programa de Alimentación Escolar PAE.
Las secuelas no paran allí; esto es una cadena. Si el presupuesto del municipio de Sincelejo está desfinanciado, los rubros que dependen de la ejecución de ese proyecto corren la misma suerte. Así pues, la estampilla de adulto mayor, procultura, los recursos del deporte, la seguridad y todo el soporte presupuestal de las entidades descentralizadas que de él dependen.
En ese sentido, tal irresponsabilidad desfinancia estos sectores con efectos, inicialmente, para la parte más débil del eslabón de la cadena: los contratos de prestación de servicios.
Vamos por el camino de servidumbre; tanto la nación como Sincelejo, en lugar de dirigirse al cambio o ir pa´ lante, van pal’ carajo en las finanzas.
La solución más salomónica que se propone es aumentar los impuestos, medida que paradójicamente es un problema en sí misma.
Por el orden nacional, el recaudo disminuye ante las altas cargas impositivas y los efectos negativos de la economía; esperemos que el decreto de conmoción interior no sea un pretexto para revivir la reforma tributaria archivada.
Por el municipio, el sector privado enfrenta una nueva y asfixiante reforma en el predial realizada por esta administración, en lugar de proponer la competitividad a través de la reducción de impuestos, como lo expuso la administración anterior a través de dos proyectos de acuerdo que el concejo no aprobó.
El panorama no es el mejor; el endeudamiento a través de un crédito de tesorería es la prueba. Lo que hoy tristemente es un retraso en el pago de prestación de servicios, pronto se materializará en los programas sociales o, lo peor, en la nómina de los servidores de la ciudad; ese es el resultado por la arrogancia de hacer
“Cuentas alegres”