¿Cuántas muertes más tienen que ocurrir en Sucre para que algo cambie?

Van 105 personas asesinadas en lo que va del año en el departamento de Sucre, y la respuesta de las autoridades sigue siendo la misma: silencio disfrazado de sonrisas, discursos vacíos y poses para la cámara. No hay resultados, no hay estrategias claras y, lo más grave: no hay voluntad real de proteger la vida de nuestra juventud, que tristemente es quien más aporta al indicador.

La política de seguridad departamental ha fracasado rotundamente. No hay otra forma de decirlo. Esa tasa de seguridad que nos cobraron, que supuestamente se destinaría a fortalecer la protección ciudadana, no ha mostrado ningún impacto tangible. Hoy los padres entierran a sus hijos mientras las autoridades se escudan en palabras bonitas y evasivas. ¿Dónde están las acciones concretas?

Duele ver que la preocupación central respecto a la seguridad sea el recaudo económico y que la falta de respuesta institucional sea la falta de plata, y cuando la tenían, ¿qué la hicieron?

En lo corrido de 2025, los medios y las cifras oficiales hablan por sí solos: Sucre superó los 100 homicidios antes de terminar julio. La cifra actual, según los registros de prensa, asciende a 105 personas asesinadas, la mayoría jóvenes de sectores populares. Y aunque algunos celebran que Sincelejo no registró homicidios en julio, ¿cómo puede eso ser suficiente consuelo cuando el resto del departamento sangra?

Mientras tanto, la gobernadora sonríe en cada publicación como si todo marchara bien. Parece vivir en un departamento paralelo donde no corren ríos de sangre ni madres desgarradas. Su imagen pública es cuidada al detalle, pero su desconexión con la realidad es brutal.

El secretario de Gobierno, por su parte, posa como si fuera parte de una campaña publicitaria: conciliador (aunque grita como gallo de pelea), amable (aunque se retuerce por tener que lidiar con gente popular), preocupado… pero sin una sola propuesta de fondo, sin liderazgo real ante una crisis que ya rebasó todos los límites.

Este no es un llamado más. Es un grito desesperado por la vida. ¿Qué está pasando con nuestros jóvenes? ¿Por qué no hay una estrategia articulada con la comunidad, con las familias, con las organizaciones sociales que llevan años trabajando en los barrios más golpeados por la violencia? ¿Dónde están las inversiones en oportunidades reales para la juventud? ¿Por qué el silencio institucional frente a los grupos armados que siguen operando con total impunidad?

El 2025 debía ser el año del cambio, pero cada mes ha sido un recordatorio cruel de que las cifras de homicidios no disminuyen por discursos, sino por acciones concretas.

No podemos normalizar esta matanza. No podemos permitir que la vida de un joven valga menos que una foto bien editada para redes sociales.

Exigimos respuestas, pero sobre todo, exigimos acciones. Porque cada muerte que no se evita, cada crimen que se ignora, cada silencio cómplice es también responsabilidad del Estado.

¿Y la Defensora del Pueblo? Seguramente en una parranda vallenata. Ya no es tiempo de poses. Es tiempo de actuar.

Sucre no puede seguir enterrando a su juventud mientras los gobernantes sonríen.

COMPARTIR
COMPARTIR
COMPARTIR

Más Columnas

Imagen de Perfil

¿Nos ha robado algo la IA? El piano de cola y el músico.

Imagen de Perfil

¡Chengue, el día que el horror rompió el silencio!

Imagen de Perfil

El otro Petro

Imagen de Perfil

La Política es dinámica

Imagen de Perfil

Corralejas en riesgo

Imagen de Perfil

Violencia, microtráfico y territorio (Sincelejo y Sucre)