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El Intervencionista

Consulta Popular: de la soberbia a la estrategia.

La soberbia del presidente no se detiene. Luego de que ocho senadores anunciaran su ponencia negativa al proyecto de reforma laboral presagiando su hundimiento, el mandatario estalló. Anuncia una consulta popular para avanzar en el cambio; al tiempo, invita a las calles a los trabajadores para que reprochen la decisión de los congresistas.

El individuo soberbio tiene un amor desordenado hacia su propio bien, por encima de los bienes superiores, al punto de apartarse de la dignidad de los demás para imponer su propia filosofía. Este trastorno de la personalidad es el reflejo del orgullo y la vanidad, haciendo daño a la persona y a su entorno; por esta razón es lógico el reproche a los mandatarios soberbios.

Un gobernante arrogante tiende a irrespetar a las demás instituciones que integran el sistema político, más aún si están llamadas a ejercer el control político sobre sus acciones y el deber de debatir para aprobar o no sus pretensiones, como ha sucedido con los congresistas que se oponen a la reforma laboral, un proyecto que, de aprobarse, acabaría con 450.000 empleos, como lo advirtió el Banco de la República.

A raíz de la postura de los senadores, el presidente convoca a una marcha para promover una consulta popular y propender por los derechos laborales, pero a la fecha, no se conocen las preguntas que estarían en consideración de los consultados; es decir, se llama a consulta sin saber qué se preguntará y se convoca al pueblo a marchar por algo que no existe. Es una manifestación tonta e inútil.

El reproche del gobernante se dirige a una parte del Senado, esa institución política encargada de aprobar la consulta antes de considerarla al ciudadano. Si supera este primer rigor, necesitaría la aprobación positiva de la mitad más uno de la tercera parte del censo electoral; esto equivale a 13 millones de consultados aproximadamente.

El presidente se hizo elegir en su mejor momento político con un total de 11.291.986 votos; ¿cómo logrará motivar entonces a sus votantes y a dos millones más con su bajo nivel de aceptación?

Podría tomarse como estrategia para desviar la mirada de su pésimo gobierno, adicionado a la posibilidad de instrumentalizar una causa presuntamente justa y loable, haciendo que la consulta se realice en tiempos paralelos a las próximas elecciones de cámara y senado; y así, canalicen votos para los partidos y movimientos progresistas que la proponen; además de fortalecer las bases electorales con miras a las presidenciales.

La consulta popular proviene de un instante soberbio del presidente; no es la primera vez que sus emociones lo absorben para tomar decisiones, pero eso no implica que, a partir de allí, pueda edificar estrategias con el propósito de favorecer su equipo político con miras a las elecciones de 2026.

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