La visita del presidente Gustavo Petro al Catatumbo solo deja ver el inconformismo de la gente que padece los estragos de un gobierno permisivo con el terrorismo. Es la muestra de que el Estado de Conmoción Interior no ha servido mucho; los reclamos de los líderes sociales se hicieron evidentes.
Una de las promesas de campaña era precisamente acabar con el ELN en sus primeros tres meses de gobierno, el grupo terrorista que, en lugar de atenuarse, se encuentra más fortalecido, gracias a las políticas de Paz Total implementadas por el ejecutivo y su evidente fracaso.
En su populismo recurrente, el mandatario hace un acto protocolario para firmar lo que denominó “Pacto Social por el Catatumbo”, como si los problemas de esa región se resolvieran con todos agarraditos de las manos y jugando una ronda redonda infantil.
Intenta nuevamente el gobierno establecer una política pública que ha fracasado en repetidas ocasiones, la de reemplazar los cultivos ilícitos invitando a los campesinos a tomar otras alternativas para cultivar la tierra. No se puede pretender obtener resultados diferentes repitiendo lo mismo.
De nada sirve cualquier política si se basa en errores y además se cimienta en narrativas tendenciosas que pretenden apartar la realidad. No reconocer el estatus de terroristas a los grupos que hoy enfrenta el gobierno es un disfraz semántico con las consecuencias de siempre, el fracaso de los supuestos diálogos.
Puede ir el presidente, los ministros, la cúpula militar; pueden estructurar desde el papel toda una serie de prebendas o concesiones tanto a los grupos armados como a las víctimas, pero si no llamamos las cosas por su nombre, la narrativa del antifaz prevalecerá, como lo hacían los nazis.
La realidad es otra distinta a la que plantea el gobierno; el solo hecho de recurrir al estado de conmoción interior es el producto del fracaso de la política de orden público que parte de una supuesta bondad de quienes viven de actividades delictivas.
Un ejemplo claro de la narrativa es el reciente secuestro de 28 policías y un mayor del ejército en el cañón del Micay. Se insiste en denominar este acto como una retención con fines humanitarios, tal como sucedió en alguna ocasión en el Cauca, pero al fin y al cabo es una retención en contra de la voluntad de las personas, lo que quiere decir que sencillamente es un secuestro.
Ocultar la realidad para divagar en el multiverso no mejora las condiciones; todo lo contrario, hace inefectiva cualquier solución que se plantee, porque la realidad es distinta a la ficción que se pretende enfrentar.
Por lo tanto, siempre es mejor asumir el yerro para hacer un diagnóstico efectivo del problema para entrar a resolverlo.
Por esa razón al presidente no le va muy bien; es un experto en narrativa para ocultar realidades, porque mientras extendemos el virus de la vida por todo el universo, Colombia se cae a pedazos y las propuestas planteadas en el Catatumbo no son más que la repetición de todo lo que ha fracasado.