Nuestro país atraviesa por una condición distópica gracias a ideologías de izquierda que imponen políticas públicas aisladas del orden natural, y a un régimen de propaganda que se aparta de la realidad observable y la evidencia empírica.
1984 es una novela política de ficción distópica escrita por George Orwell, publicada en 1949. Describe una dictadura totalitaria que controla la vida de los ciudadanos a través de la manipulación de la historia y “la verdad” por parte del gobierno, así como el lenguaje en la expresión.
Las ideas de la izquierda progresista implementadas hoy han llevado a la sociedad colombiana a vivir en una distopía parecida a la narrada en la novela. El Ministerio de la Verdad utiliza una neolengua para describir que “la guerra es la paz”, “la libertad es la esclavitud” y “la ignorancia es la fuerza”.
En Colombia, el gobierno promueve la paz total y trata de mostrar avances pacíficos; sin embargo, la realidad es distinta: el fortalecimiento de los grupos al margen de la ley es inminente, al punto de recurrir, en la región del Catatumbo, a un estado de conmoción interior para atender la crisis de orden público que presentan los municipios de la zona.
Sin mencionar estado crítico por la inseguridad que se vive en todo el país. Entonces, “la guerra es la paz”.
En la narrativa de este gobierno, los pobres o los negros no pueden tener amistades con los ricos, y si estos últimos son blancos, el reproche debe ser total.
En la narrativa, los pobres no pueden ser de derecha o los jugadores de la selección Colombia afrodescendientes no tienen la libertad de visitar políticos opositores blancos, porque de inmediato serán catalogados de esclavos o serviles.
Es decir, “la libertad es la esclavitud”.
El gobierno insinúa que la rama judicial ataca la democracia a través de sus providencias que anulan o declaran inexequibles sus decisiones y leyes; sin embargo, son evidentes los vicios de ilegalidad y de inconstitucionalidad que estos presentan en su formación.
El gran hermano pretende imponer que el ELN, un grupo terrorista de izquierda fundado con las bases ideológicas marxista-leninistas, son delincuentes de derecha.
Intervienen la salud para mejorar el servicio, pero faltan medicamentos y el sistema atraviesa la peor de sus crisis.
Relatan que Ecopetrol registra resultados financieros positivos mientras su capital se desploma, perdiendo más de un 40% de su valor.
Muestra el gobierno un crecimiento en el empleo; sin embargo, el sector de la construcción, uno de los mayores generadores de trabajo formal, se encuentra afectado por la suspensión de los subsidios de vivienda.
La política que fortalece la educación deja sin subsidios del ICETEX a los jóvenes estudiantes. La bandera del deporte no patrocina los Juegos Panamericanos. En fin, el mundo al revés.
En estricta aplicación de la neolengua, el gobierno objeta el proyecto de ley “Mamá, cuento contigo” por contener la frase “mujeres gestantes”, que debe reemplazarse por “personas gestantes”, tratando de imponer por la fuerza de la ley la creencia de que los hombres también pueden concebir.
Desde el pedestal de la Casa de Nariño anuncian la fachada de que la economía y las finanzas públicas avanzan. Sin embargo, la inversión extranjera es menor que las remesas; el déficit fiscal alcanza cifras de pandemia y la inflación se reduce a fuerza de regulación, asfixiando la inversión y el consumo.
Ni hablar de que la Isla de San Andrés enfrenta una crisis turística significativa.
Una de las narrativas del gobierno distópico es la presunta reducción de la pobreza a través de ayudas o programas sociales, es decir, aquellos que son pobres por recibir menos ingresos, los sacamos de la pobreza otorgando subsidios, sin productividad alguna.
Nada más distorsionado de la realidad.
La capacidad de infectar las mentes es gigantesca; inyectan el parasito mental para lanzarse a las calles como zombis a promover una consulta popular sin conocer las preguntas a considerar.
Cuidado, si recurres al pensamiento crítico o pretendes ser autodidacta, te tratarán de tonta, como lo hizo el presidente con la joven Jerome. Mejor dicho, «la ignorancia es la fuerza».
Mucho cuidado con hacer oposición; el gobernante tomará la parte más despreciable de su ideología para transponerla, es decir, te señalará de nazi o fascista para trasladarte sus propios errores o peores defectos, con fundamento en la metodología Goebbels.
La distopía es una representación ficticia de una sociedad con características negativas causada por la alineación de los hombres a quienes se les distorsiona la realidad mediante el uso de la fuerza y de una narrativa eficaz, con la capacidad de hacerte defender lo más ilógico y borrarte los conceptos sociales y biológicos más elementales como lo es la definición de mujer.
El remedio para estas sociedades no es inicialmente la democracia porque las emociones son manipulables.
Lo primero es acudir a la razón y al sentido común, apelando a la batalla cultural.
Si no entramos en esa onda, Colombia seguirá condenada a seguir viviendo en una distopía, como 1984.