Desde el año 2021, Sincelejo cuenta con una moderna estación de Policía, un sistema de Circuito Cerrado de Televisión (CCTV) compuesto por 272 cámaras de videovigilancia distribuidas en diferentes puntos de la ciudad y un centro de monitoreo operado por la Policía Nacional, pero financiado con recursos de los contribuyentes sincelejanos.
La promesa era simple: más tecnología, más vigilancia y más seguridad. Cinco años después, la realidad parece demostrar exactamente lo contrario.
Mientras los ciudadanos creían que existía una red tecnológica vigilando permanentemente calles, avenidas, parques y sectores estratégicos del municipio, la propia Policía Nacional acaba de reconocer que no puede determinar cuántas cámaras funcionan, cuántas están dañadas, cuántas están desconectadas ni cuántas dejaron de grabar.

La razón resulta tan sorprendente como indignante: la licencia de monitoreo del sistema se encuentra vencida desde el 15 de agosto de 2025; los operadores no tienen acceso al software que controla las cámaras y el sistema CCTV tuvo que ser apagado por el recalentamiento de servidores y equipos electrónicos, sin que hasta la fecha se hubiera solucionado el problema.

Pero la historia adquiere matices todavía más absurdos cuando se observa quién gobierna la ciudad.
Precisamente, Yahir Acuña, autor del libro Ciudad Segura, una publicación en la que presenta un supuesto modelo de seguridad integral basado en tecnología, monitoreo permanente, inteligencia artificial, análisis predictivo y sistemas avanzados de vigilancia.

Es decir, resulta incongruente que, en su libro Acuña prometa ciudades inteligentes, y en la realidad administrativa muestre un circuito cerrado sin funcionamiento y 272 cámaras apagadas en Sincelejo; es decir, seguridad a ciegas.
Mientras el discurso habla de monitoreo permanente, la Policía admite que perdió la capacidad de monitorear. Mientras el alcalde promociona su cacareado modelo de seguridad con tecnología de punta, los operadores, es decir, la Policía, no pueden siquiera verificar cuáles dispositivos están funcionando en los puntos álgidos de la ciudad.
Y, como si la contradicción no fuera suficientemente grande, el mandatario aparece simultáneamente recorriendo ExpoSeguridad México 2026, observando vehículos tácticos blindados e intercambiando experiencias internacionales sobre seguridad, precisamente cuando la Policía, desde el año pasado, informaba a la Alcaldía que la licencia del sistema HikCentral Professional estaba vencida y que los aires acondicionados del Centro de Control y Mando presentaban fallas que estaban provocando recalentamiento de los equipos y que, debido a esa situación, la Policía tomó la decisión de realizar un apagado general del sistema CCTV para evitar daños mayores.
Lo paradójico es que el alcalde visite exposiciones sobre modelos de seguridad en el extranjero, que casualmente coinciden con el Mundial de Fútbol, cuando la principal herramienta tecnológica de seguridad de Sincelejo —272 cámaras y el CCTV— permanecen prácticamente inoperante.
Y es precisamente allí donde el dato mata el relato de la historia de ficción de la llamada “Ciudad Más Segura de Colombia”, cuando se promete inteligencia artificial, pero las cámaras están apagadas; monitoreo mientras el sistema no puede monitorear; y tecnología de punta cuando ni siquiera se mantiene vigente una licencia básica de operación.
La seguridad se construye con resultados, no con marketing; se construye resolviendo problemas, no administrando percepciones.
Por eso, de cara al futuro del país, vale la pena respaldar liderazgos que hablen con claridad, asuman responsabilidades y entiendan que gobernar significa producir resultados verificables y no simplemente construir relatos.
PD: Esa es una de las razones por las que considero que Abelardo de la Espriella representa una alternativa que merece ser escuchada y evaluada por los colombianos. Colombia necesita menos propaganda y más resultados; menos discursos y más gestión. Por eso, mi voto será por el Tigre.