Carta abierta al alcalde Yahir Acuña

Señor Yahir Acuña:

Desde el compromiso que me une a Sincelejo, a la defensa del interés público y a la protección de los derechos humanos, me veo en la obligación moral y ciudadana de dirigirle estas líneas. No lo hago desde la animadversión personal, sino desde la convicción profunda de que la función pública exige claridad, responsabilidad y un liderazgo a la altura de los desafíos de nuestra ciudad. Se lo escribe alguien que no solo votó por usted, sino que promovió su nombre para el cargo más importante de esta ciudad, hoy convertida en un completo berenjenal.

En estos dos años de administración, Sincelejo ha sido escenario de múltiples polémicas que han permeado la conversación pública. Los conflictos familiares trasladados a lo institucional, la gobernanza delegada a encargados mientras usted atiende asuntos personales y políticos, el despido masivo de empleados que afectó la estabilidad de decenas de familias y la conducción de un gobierno que parece apoyarse más en la estética de las redes sociales que en resultados palpables, han generado un ambiente de desconfianza difícil de ignorar. A ello se suma una crisis fiscal alimentada no solo por el malgasto en caprichos, sino por la pérdida de confianza de la ciudadanía, que hoy se resiste a pagar impuestos al no creer en el buen destino de los recursos. Y las obras, señor alcalde, ¿dónde están?

A esto se suma la reciente circulación de videos en los que, supuestamente, se le escucha hablar sobre el Programa de Alimentación Escolar. No puedo ni quiero afirmar la autenticidad de ese material; no sería responsable hacerlo. Pero cuando la sola especulación se convierte en tema central de la conversación pública, algo profundo no está funcionando. En política, señor alcalde, las apariencias importan, y la falta de claridad frente a situaciones tan sensibles como la alimentación de nuestros niños solo agrava la percepción de crisis. Por si no lo sabe o no lo recuerda, “la buena alimentación es crucial en la edad escolar porque promueve el desarrollo físico y mental óptimo, mejora el rendimiento académico y ayuda a prevenir enfermedades. Una nutrición adecuada proporciona la energía necesaria, fortalece los huesos y músculos, mejora la concentración y la memoria, y establece hábitos saludables para toda la vida” (Colegio Costa Adeje).

Si tanto amor profesa usted por Sincelejo, si su discurso sobre la transparencia y el bienestar colectivo es genuino, quizás sea el momento de dar un paso que honre su palabra: tomarse un tiempo, asumir la responsabilidad política que exige el contexto y dimitir. La renuncia no es una derrota; a veces es un acto de grandeza. Está demostrado que este tiempo no es su tiempo, al menos no con la dignidad, la honra y el respeto que merecemos y que usted también merece.

Vendrán otros tiempos. Tiempos en los que las heridas se habrán cerrado, en los que las grietas de desconfianza hacia lo público se habrán reparado, y en los que usted podrá aclarar lo que hoy genera ruido. Su silencio, por ahora, solo enrarece más lo que su entorno se encarga de engrandecer. Capítulo aparte merece el Concejo Municipal, esa comisión de aplausos indigna que le hace más daño a usted que a la ciudad.

Vendrán otros tiempos, señor Acuña, tiempos en los que, si actúa con humildad, la ciudadanía que sabe perdonar podría incluso brindarle otra oportunidad. Pero ahora, por el bien de la ciudad que dice amar, el gesto más sensato es permitir que Sincelejo recupere la estabilidad que merece.

Con la serenidad de quien quiere ver a su ciudad en paz y en orden, le dejo este llamado.

Sincelejo no es un escenario para la confusión: es un territorio de dignidad.

Y en momentos de crisis, la ética no se discute. Se demuestra.

Dimita.

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